Fotografía Colombiana # 1: Guadalupe Ruiz, retratos de lo cotidiano

PUNTO DE FUGA, la plataforma experimental del arte y de la fotografía, ha reunido una serie de entrevistas hechas a fotógrafos colombianos. De esas entrevistas van surgiendo una serie de inquietudes sobre la existencia misma de la fotografía y su incesante combate por limar asperezas con el mundo del arte.

PUNTO DE FUGA, la plataforma experimental del arte y de la fotografía, ha reunido una serie de entrevistas hechas a fotógrafos colombianos. De esas entrevistas van surgiendo una serie de inquietudes sobre la existencia misma de la fotografía y su incesante combate por limar asperezas con el mundo del arte. Esta es la primera de una larga serie de conversaciones que han ido trazando una cartografía visual del universo de los fotógrafos en la actualidad. Cada conversación es un intento por indagar en las profundidades de la obra del artista para entender mejor cómo el pensamiento y las experiencias de vida se han ido enfrentando a la imagen fotográfica hasta convertirla en una obra cargada de significado.

La discusión con Guadalupe Ruiz fue desde el principio muy sincera. Pareciera que nos hubiéramos conocido desde hace tiempo. Esa familiaridad con la que la artista fue poco a poco respondiendo a las inquietudes de PUNTO DE FUGA fue extraordinaria. La inmersión en la obra fotográfica de la artista fue inmediata por el hecho de haber podido tener a la mano un gran número de libros de fotografía a través de los cuales la obra se iba desplegando. PUNTO DE FUGA quiso saber porqué una artista Colombiana que pasaba la mayor parte de su tiempo en Suiza había decidido fotografiar el cotidiano de su familia y el de su ciudad natal, Bogotá.

Poco a poco esos personajes conocidos y esos lugares habitados próximos al universo familiar de Guadalupe empezaron a hablar a través de la imagen. En uno de los videos más recientes de la artista, aparecía como título de la obra un extraño aforismo y una réplica del personaje principal que podría ser su padre. Esa frase era una respuesta a una pregunta existencial que ningún lector habría osado hacerle a un desconocido. La frase que recuerdo decía: “yo quiero morir en Escocia”.

Entrevista a Guadalupe Ruiz
Por PUNTO DE FUGA

P.D.F: Guadalupe, he visto muy de cerca tu trabajo fotográfico y una de las cosas que más me ha llamado la atención es la forma como, en cada una de tus series: los retratos, los interiores de las casas de Bogotá, los objetos decorativos y la botánica, han ido constituyendo una serie de lugares comunes o de imágenes de lo cotidiano. Esos lugares comunes rompen la distancia que un fotógrafo puede querer tener con su entorno sin importar qué lenguaje utilice, que este sea documental, experimental o conceptual. ¿Por qué decidiste usar la fotografía para hablar de esa realidad que de algún modo te era tan familiar?

G.R.: Para mí la fotografía representa la manera de ver de cada uno. En mi caso me interesa mostrar de la manera más precisa y concreta lo que estoy viendo. No busco crear ambientes surrealistas ni utilizar efectos o artificios para darle más complejidad a las imágenes que produzco. El trabajo consiste en retratar y ver lo que esta ahí, lo que es evidente y que salta a la vista.

Esta mirada mas crítica y puntual solo fue posible construirla y educarla con el paso del tiempo, tomando muchísimas fotografías. Quizá también venga del hecho de tener una distancia física con mis padres y mi familia después de haber migrado a Suiza para estudiar cuando era muy joven. El estar fuera de la ciudad en la que crecí, confrontarme a una realidad totalmente opuesta y simplemente explicar mi origen utilizando otro idioma, me hizo afinar el ojo, ser mas objetiva y volver a descubrir a los miembros que componen mi propia familia.

P.D.F: Es cierto que si uno mira con más detalle tu trabajo, esos “lugares comunes” que tu has ido fotografiando no reflejan siempre una sola realidad. En Bogotá D.C., esa serie y ese libro que publicaste con Scheidegger & Spiess tú propones una interesante tipología de los distintos espacios interiores de las casas de Bogotá. Tu fotografía hace el inventario de esos distintos estratos sociales que reflejan la forma como se ha ido creando una jerarquía social al interior mismo del tejido urbano. ¿Qué es lo que esa mirada a la vez tan íntima y tan objetiva de los interiores de las casas de Bogotá significa para ti? ¿Qué es lo que ese inventario fotográfico hizo visible sobre el cotidiano de las familias en Colombia?

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G.R.: Los estratos sociales en Bogotá son un sistema que define no solamente un espacio interior o exterior, sino que describe o da indicios de un lugar, una persona, un supuesto nivel dentro de una escala social. Es jarto tener que usar jerarquías y pensar que las clases sociales existen, pero es esa la realidad y sobretodo creo que este sistema de estratificación, que en un principio clasifica a los barrios según el aspecto de las calles o la calidad de los servicios públicos, existe únicamente en Bogotá y en algunas otras ciudades de Colombia. Como ese ordenamiento del espacio urbano hace parte del lenguaje local, me interesé a ver cuales eran las pequeñas diferencias entre cada uno de esos estratos.

Lo que quería era ver y acceder a tantos modos de vida sin tener que mostrar a las personas que habitan los lugares. Utilicé la luz natural, una cámara de formato medio y cuando había mucho desorden en el lugar, prefería evitar tomar la fotografía. Luego clasifiqué por temas las fotografías y el resultado es una instalación de 120 tomas ordenas por estrato y por tema, mostrando en una especie de cuadricula los diferentes tipos de espacios: las camas, las salas, las fachadas, los jardines interiores y exteriores, los diplomas, etc. Lo interesante para mi, era respetar el espacio y mostrarlo de la manera mas neutral.

Como en general el estilo de decoración entre las diferentes clases sociales es similar porque la mayoría de las personas tienen un gusto común, al final la totalidad de las fotos dan a ver una gama que va entre el rosa y el verde, pasando por el café. Es decir, el estilo no depende del nivel social, las familias en Bogotá habitan un lugar por mucho tiempo y al final convierten sus casas en museos familiares. En Bogotá no hay influencia de estilos decorativos impuestos por muebles como los hechos en Ikea el almacén de muebles Sueco y hay una decoración marcada por el origen del país de las personas como sí es el caso en Suiza. También quería mostrar lo que significa para un Bogotano una « casa bonita » .

P.D.F: Leyendo un poco sobre Eugene Atget caí por casualidad con esta cita de Georges Perec que habla de los espacios interiores, refugios en donde se forja la memoria. Dice: “Mis espacios son frágiles; el tiempo va usándolos, destruyéndolos. Nada parecerá a lo que alguna vez fue, mis recuerdos me traicionarán, el olvido se infiltrará en mi memoria…” ¿Tú crees que tu trabajo fotográfico es una forma de recordar todo lo que en el cotidiano tendemos a olvidar o a no considerar?

G.R.: La verdad no me interesa ver hacía el pasado en mi estilo de fotografía, mas sin embargo ahora con el tiempo puedo decir que tengo archivos fotográficos y es interesante ver lo que en un momento me llamó la atención, car en cuenta de la representación de algo que ya no existe. Como he dicho antes, más que recordar es abrir los ojos y ver lo que está en frente. En Bogotá cada vez que viajo, inconscientemente retrato lugares que me parece, van a desaparecer de allí al próximo viaje y tal vez esa sea la memoria que quisiera mantener a manera de archivo, de documento histórico.

P.D.F: En otro de los libros que publicaste titulado Kleine Fotoenzyklopädie, hay un ligero cambio de aproximación hacia esos objetos y esas imágenes que fueron influenciando tu trabajo. Este libro es como una enciclopedia visual de 645 fotografías que reúne, bajo una clasificación muy personal, una serie de imágenes inspiradas de libros publicados en los 30’s y 40’s que van asociadas a fotografías de flores de Colombia, objetos decorativos de la casa de tus papás y variedades de tipos de papas, de maíz y de tortas. ¿Cómo fue el proceso de edición y de publicación de ese proyecto?

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G.R.: Este trabajo lo empecé al querer buscar una nueve fuente de inspiración fuera de mi universo familiar, después de haber hecho un largo trabajo de fotografía y video con él. Entonces me interesé por coleccionar temas usando mi cámara digital. A medida que me era posible estar en un lugar diferente a la ciudad en la que estoy radicada (Bienne, Suiza), producía una serie de fotografías sobre un tema de arquitectura, arte, sociedad, comida, naturaleza, etc.

Luego, estando en una residencia en New York me puse en la tarea de clasificar y estructurar mi propia foto-enciclopedia. Quería experimentar el hecho de hacer un libro de A a Z desde la producción de fotografías, pasando por la diagramación y finalmente participando en el proceso de impresión en offset de manera casi artesanal. El resultado es un libro de 645 imágenes que representan diferentes temas coleccionados en diferentes viajes y residencias artísticas. Quería darle también un toque más real a la fotografía digital a la cual no estaba habituada utilizando una técnica análoga para imprimirla.

P.D.F: Si este trabajo enciclopédico estuviera muy ligado a la necesidad de darle a lo cotidiano un aspecto más fundamental, dándole la posibilidad de ser considerado visualmente como algo valioso, me pregunto si, parte de ese proceso de clasificación y constitución de un archivo tiene que ver con una necesidad de recordar el presente, de ordenarlo y de cierto modo resolver tu relación con el paso del tiempo y con la memoria a través de la fotografía…

G.R.: En regla general soy una persona metódica, que clasifica y ordena los objetos, que excluye y bota literalmente y realmente a la basura lo que, a mi modo de ver, no es estético, armonioso, lo que esta
 “desportillado”, roto. Para mi es importante estar rodeada de objetos que me inspiran, tener una rotación en cuanto a la decoración o esquema del lugar en el que habito. No creo que sea un trabajo tanto de memoria sino mas de conocimiento o de reconocimiento de algo que ya existe. Tampoco pretendo afirmar tener todo el conocimiento, por eso se llama Pequeña foto-enciclopedia.

P.D.F: ¿Hay alguna conexión entre este trabajo y tu último fanzine, Ny Apples and Pears, publicado por Kodoji Press? Si te pregunto esto es porque parece que tu trabajo fotográfico ha ido integrando un lenguaje conceptual y un estilo pop que le dan a la comida que fotografías un aspecto muy moderno. Me pregunto si las peras y las manzanas son como una especie de naturalezas muertas retratadas en la época de Andy Warhol.

 

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G.R.: El trabajo que se utilizo como material para hacer el fanzine Ny Apples and Pears, publicado por Kodoji Press, surgió después de la enciclopedia y es como una extensión a el capítulo de Apples & Pears de este libro, que consistía en una colección de fotografías de manzanas y peras provenientes únicamente del estado de Nueva York. También es una referencia a la definición de New York City (NYC), como “la gran manzana”. Lo que hice fue reimprimir esas frutas, recortarlas y hacer nuevas composiciones como cuando uno hace un frutero. Las imprimí en offset otra vez he hice afiches con ellas.

P.D.F: A lo largo de tu trayectoria has hecho una serie de retratos que alguna vez reuniste detrás de esta frase: nada es eterno. Es realmente lo contrario de lo que uno se imagina que es la fotografía. ¿Cómo has ido desarrollando esa relación con las cosas efímeras, con los retratos de un tiempo que se va y no vuelve?

 

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G.R.: Mi relación es totalmente simple con lo que se puede llamar efímero. Tal vez por ser de carácter muy crítico (a veces demasiado), no hay nada que me parezca pueda durar eternamente. Para mí, fotografiar lo que veo que es diferente o nuevo y ver lo que va a desaparecer es lo que más me llama la atención. Los retratos buscaban describir a algunos miembros representativos y sobretodo los fotogénicos de mi familia y dar una cierta dramaturgia a lo cotidiano. Buscar el momento absurdo en una situación banal y real usando lo que esta a la mano a nivel de vestuario, clima, lugar, momento.

P.D.F: En alguna entrevista tuya mencionabas el cotidiano como algo a la vez muy cercano y muy sorprendente para quien aprende a mirar atentamente al presente y empieza a tomar una cierta distancia con él. ¿Es tu trabajo un intento por hacerte a ese presente absurdo, una forma de lidiar con él y de reintegrarlo a la memoria a través de la fotografía?

G.R.: El presente, vivirlo, es lo que mas me cuesta. Interpretar una situación viendo lo absurdo de lo cotidiano es lo que más se me facilita.

P.D.F: ¿Crees que esa serie de fotografías con las que has ido forjando una mirada compleja de tu propia realidad es de cierto modo universal? ¿Cómo han reaccionado los curadores, los editores y la gente con la que has compartido parte de tu obra?

G.R.: Lo único que puedo decir es que sí ha sido un trabajo largo y de mucho esfuerzo el de llegar a producir las diferentes series de imágenes que he hecho. Cada una corresponde a un momento diferente de mi vida y para lograr un resultado siempre he tratado de ser lo más generosa en cuanto a la cantidad de imágenes producidas y lo más puntual cuando de la selección final se trata.

Mi trabajo es definitivamente universal y la mirada que trato de hacer evidente funciona aquí en Bienne como en Bogotá o en cualquier otro lugar. El trabajo en fotografía, para mí, ha sido un como dije al inicio de la entrevista, una manera de afinar mi vista, de educar la mirada y de interpretar de cierta manera la realidad. El propósito es continuar a crear archivos de Bogotá que es uno de los lugares más difíciles de fotografiar pues produce demasiada adrenalina como para hacer fotos pasiva y tranquilamente como uno puede hacerlo en Suiza por ejemplo.

La reacción de los curadores en general siempre ha sido positiva, el único problema es el hecho de haber nacido en Colombia y vivir en Suiza la otra mitad de mi vida. Es decir, a veces siento que no consideran lo suficiente mi trabajo ni allá ni acá el trabajo que he hecho pues en Suiza soy extranjera y en Colombia también pareciera que lo fuera. Pero bueno, eso no es motivo para no seguir trabajando. El material fotográfico existe y eso es lo importante.

Ahora por ejemplo estoy trabajando en un libro de fotografías que hice para mi hijo Octavio que tiene apenas 1 año. Lo hice sobre todo para darle indicios del lugar donde nací y crecí. Bogotá en archivos, con imágenes tomadas a principios del 2000 y en el 2017, da una visión personal de ese lugar sin llegar a ser nostálgica. Mostrar una ciudad que a veces me parece muy lejana y en la cual desde hace 21 años ya no vivo, es tal vez un ejercicio de memoria visual que hago. Estas fotografías van acompañadas de un texto escrito por la escritora suiza Noëlle Revaz que interpretan y describen con un lenguaje simple y dirigido a un publico infantil: los lugares, las personas y lo que se puede ver en la foto. Lo que hace el texto es describir una foto y dar indicios para interpretarla o para imaginarse una situación o un lugar.

Para mi una fotografía es un punto de vista, es personal e universal y es al final un documento para discutir e interpretar.

P.D.F: Hay un trabajo que parece más periodístico en tu obra, sobre San Vicente del Caguán. Publicaste una revista en blanco y negro con imágenes que tomaste en 2001 sobre el cotidiano de las FARC EP en esa región de Colombia. ¿Cómo fue esa experiencia? 

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El trabajo de San Vicente del Caguán lo hice mientras estaba en la universidad y respondía a una demanda de trabajo fotográfico tipo reportaje. Pensé que seria interesante llegar hasta el lugar donde en el momento de la Zona de distensión se daba acceso directo a las FARC y a sus dirigentes. Hice un primer viaje de manera muy libre y sin ninguna intención clara. Las cosas se fueron dando y estando allá surgió que llevaban a un grupo de periodistas extranjeros a dormir a un campamento y yo me les pegué. Del caserío de Los Pozos donde estaba la oficina de prensa de las Farc, nos adentramos como unas dos horas mas hasta llegar a un campamento super bien montado dentro de ese territorio en ese entonces « libre » para ellos.

La experiencia fue extremadamente real y absurda pues era estar metida en plena jungla con un grupo de guerrilleros al que había que darles total confianza. Al principio nos dijeron que podíamos fotografiar todo y hablar con cualquier persona y al otro día a las 6 a.m. dijeron que ya nos teníamos que ir, que nos censuraban y que nos devolvían lo mas pronto a San Vicente. Entonces el material que produje no fue lo suficiente y quedé con la idea en mente de volver cuanto antes para terminar el trabajo. Al año siguiente volví a ese lugar, llegué hasta Los Pozos (a una hora de San Vicente del Caguán más o menos) y ya todo era mucho mas complejo a nivel de ambiente y seguridad. Ya no respiraba ese ambiente de « paz » propicio a la discusión. El trayecto que hice para llegar desde Bogota fue muy complejo, usé todos los medios de transporte y era perceptible el hecho de que en cualquier momento todo iba a estallar. Uno tiene esa impresión de ver venir la tormenta, como cuando va a llover muy fuerte, la nube gris, el viento fuerte…

Llegando a Los Pozos me dijeron que esperara y volviera al otro día para ver si era permitido ir de nuevo a un campamento y esa noche fue de total angustia pues estaba sola y con mi cámara metida en la boca del lobo, quedándome en una habitación que alquilé en una droguería cercana a ese sitio. Al otro día me levanté con la idea de volver lo más pronto posible a Bogotá y me di cuenta de lo complejo que es ser reportero de guerra, más aún en Colombia. Así es que fui, les di las gracias y me devolví. Salí corriendo de allí porque estaba muy pesado el ambiente. Todavía tengo grabada la imagen de felicidad de mis papás cuando me vieron volver a Bogotá.

Luego nunca más quise mirar ni trabajar con esas fotos por el contenido que tienen y porque es un tema delicado de manejar en Colombia. Las archivé y guardé hasta el año pasado. Normalmente han debido ser publicadas en una serie de publicaciones revolucionarias publicadas por La Silueta en Bogota pero fue misión imposible ponernos de acuerdo en cuanto al layout. Fue casi más fácil que firmaran el acuerdo entre el gobierno y las Farc. Así que decidí de todas maneras publicarlas por mi cuenta e imprimirlas en las máquinas que están en mi casa. Son imágenes de archivo que solo ahora pienso tienen un real valor de documento histórico.

Biografía.

Guadalupe Ruiz nació en Bogotá, Colombia en 1978. Estudió fotografía en la ECAL (Escuela Cantonal de Arte de Lausana) y en la HGKZ (Zurich University of Arts), en Suiza. Desde el 2007 su trabajo fotográfico ha sido expuesto en el Helmhaus de Zurich, El Centre de Photographie de Ginebra, el Centre Pasquart en Bienne y el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

En su trabajo, Guadalupe Ruiz ha fotografiado y retratado los espacios interiores de las casas de Bogotá, la ciudad donde creció y donde ha desarrollado una gran parte de su trabajo fotográfico. Aunque su lenguaje fotográfico oscila entre la ficción, el documental y el arte conceptual, su obra gira constantemente entorno a las diversas formas de ver y de abordar la cotidianidad y las relaciones familiares.

Desde inicios de los 2000, ha publicado una serie de libros en los que reúne imágenes de archivo, retratos de familia y fotografías de entornos urbanos que le son muy próximos, convirtiendo esas imágenes en sus propios “lugares comunes”. Punto de Fuga hace incursión en el universo fotográfico de Guadalupe Ruiz, recomponiendo, pedazo a pedazo, ese espacio íntimo en donde lo absurdo y lo cotidiano se cotejan pero no se mezclan. Al recorrer esos espacios del presente, hay algo patético y absurdo en la mirada que Guadalupe le ha dado a su entorno más cercano. Sus fotografías son relatos y retratos de personas y lugares inverosímiles, que nos confrontan con humor a esa descabellada noción de la identidad nacional; he aquí las entrañables visiones de un pueblo que se ignora.

Bibliografía.

Bogotá D.C, Scheidegger & Spiess, 2012.
Nada es eterno, POV Female Bogotá, Oodee, 2014
Kleine Fotoenzyklopädie, Self-Published, 2015
San Vicente del Caguán, archivos 2001, Turbo Magazine # 51, 2016
NY Apples and Pears, Kodoji Press, 2017

Video.

I wanna die in Scotland, 2009, 12’29”

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Air Break, 2008, 5’08”

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Web.

http://www.lupita.ch/

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