Karianne Bueno, Doug’s Cabin, The Eriskay Connection, 2019

La primera obra de Karianne Bueno que PUNTO DE FUGA pudo conocer estaba contenida en un libro de fotografía titulado Haiiro, una publicación de una gran sensibilidad y ternura.La edición contiene únicamente trece imágenes de su viaje a Japón y un diario poético en donde la fotógrafa describe su fascinación al entrar en contacto con algunos japoneses que estaban disfrutando plenamente de sus vacaciones. En ellos se reflejan el sentimiento de plenitud y la alegría de vivir. Los retratos y los paisajes que ese libro reúne provocan una serie de reflexiones sobre la forme como aún hoy es posible representar escenas pintorescas de un paisaje extranjero con el que es posible establecer una conexión poética y emocional de una gran sensibilidad.

En 2019, el editor The Eriskay Connection publicó Doug’s Cabin (La cabaña de Doug), un proyecto fotográfico impreso considerado como una obra de múltiples lecturas, compuesto por fotografías, textos, dibujos (hechos por Medy Oberendorff) y material encontrado en la casa de Doug, un carpintero que decidió adentrarse en el bosque para aislarse del mundo y vivir en la casa de antiguos colonos en Vancouver Island.

Como prefacio a esta entrevista, reproducimos un extracto del diario de la fotógrafa holandesa para darle un inicio diferente a la obra:

“Hace más de cuarenta y cinco años, Doug, quien tendría alrededor de 20 años, decidió cambiar Vancouver por el bosque húmedo de San Josef Bay, Vancouver Island. Construyó su casa sobre las fundaciones de una Antigua casa de colonos con la ayuda de los últimos ocupantes de la zona. Doug trabajaba como carpintero de una base militar cerca del pueblo de leñadores de Holberg. Los soldados y sus familias habían formado una comunidad muy unida y Doug pasó sus mejores años ahí. Cuando la base cerró con el fin de la Guerra Fría y los edificios fueron incendiados, Doug decidió rescatar lo que pudo. Se adentró en las profundidades del bosque con camiones llenos de pequeñas estructuras, libros, fotografías, utensilios y comenzó a construir un campamento y un parque llamado San Josef Heritage Park. En todas partes se veían los restos de esa antigua base. Eran artefactos que podrían servir a transmitir la historia de ese lugar. Pero el bosque empezó poco a poco a retomar su territorio y los viajeros se hicieron cada vez más raros. Doug se está envejeciendo y está perdiendo la batalla contra los elementos.”

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Entrevista:

P.D.F.: Doug’s Cabin es un libro muy interesante. Está hecho de forma inteligente, con la justa asociación de textos personales, postales, fotografías hechas por ti y material sobre Holberg y otros paisajes que rodean San Josef Bay. ¿Cómo llegaste a ese lugar? ¿Ya conocías a Doug cuando entraste en el bosque o fue más bien un encuentro que se dio durante uno de tus viajes?

K.B.: Lo conocí accidentalmente en un viaje que hice en 2010 a Estados Unidos y Canadá. Habíamos estado viajando por ese bosque húmedo con mi novio durante unas semanas y estábamos ansiosos de ver algo distinto a los árboles que nos rodeaban. Teníamos un día y una noche más antes de tomar el ferry en Port Hardy y supimos de la playa de San Josef en por la guía Lonely Planet. Seguimos las direcciones, pero después de horas de manejar por los caminos difíciles de la zona de explotación forestal terminamos en un parqueadero desocupado que encontramos en medio del bosque. Lo único que había en ese lugar era un panel indicando un viaje mochilero de diez días, algo que no estábamos preparados para hacer.

Manejamos un poco hasta que vimos el letrero de San Josef Heritage Park y Campground. Decidimos que íbamos a pasar la noche allá. Doug estaba allá. Nos mostró un atajo por la selva hasta la playa, a una hora a pie de dónde estábamos. Era algo tímido. Le gustaba la fotografía así que le di mi libro Asper que acababa de publicar hacía poco. Prometimos enviarle una postal desde casa –coleccionaba ese tipo de cosas de todos los viajeros que recibía-. Compramos una postal cuando regresamos, un par de meses más tarde. Sólo en ese momento me di cuenta que había perdido su dirección durante el viaje. Dos años después no podía sacarme ese encuentro con Doug de la cabeza y lo busqué.

P.D.F.: El libro tiene un diseño muy pertinente. Nos adentra en un universo de imágenes y textos que hacen que esos paisajes y esos lugares vengan cargados de historias. ¿En qué momento consideraste que esa documentación múltiple debía hacer parte del libro? ¿Tenías alguna idea de la narrativa que querías crear en el libro, algo especial en cuanto a la asociación de imágenes y textos o este es un libro que invita al lector a hacerse su propio recorrido por esta región idílica que visitaron y la cabina de Doug, ermita un poco tímido, a quien conocieron?

K.B.: Cuando visité a Doug por primera vez con una cámara en 2013 no parecía tener muchas ganas de hablar de su vida. Me contó muchas historias de la base radar que no entendí mucho. Me di cuenta que era importante para él, sus ojos brillaban cuando hablaba y todo lo que estaba en su casa parecía tener algo que ver con esa historia. Fue entonces cuando me dije que hablar de la vida de Doug no sería suficiente. Quería entender el destino de ese hombre y hacer justicia con quien él era como persona. Para ello, necesitaba buscar a fondo esa historia que le era tan preciada e incluirla en mi proyecto.

Mientras recolectaba imágenes y relatos del pasado de San Josef, también descubrí que Doug nunca había querido ser el recluso en el que se había convertido. Solo pensó que sería la única persona que podía mantener la memoria de esa historia y de ese trabajo que realizó en la base militar, quedándose en el bosque. Me sentí muy conectada con esa parte de la historia. I mientras hablaba con otros sobre la idea de la libre escogencia, también entendí que, a diferencia de lo que tendemos a pensar, es muy humano ser conservador y sedentario con respecto a la propia vida. Mucha gente, sino la mayoría, dejan la vida fluir. Y aún en momentos en los que es necesario tomar decisiones, sólo es posible hacer cambios deliberados. Muchas veces se debe lidiar con las consecuencias de esas decisiones. Quería hacer honor a ese aspecto humano en la vida de Doug. Como contraparte de la idea opresiva que tenemos del éxito y del logro.

La frágil perseverancia de Doug es de algún modo contenida en este material encontrado. Viejas fotografías de que nos recuerdan la inevitable finitud de las cosas, pero que hablan también del ciclo de la vida y nos dan una imagen más amplia de la existencia que todos tenemos. Esos dos temas hacen parte de la narrativa de Doug’s Cabin.

En cuanto a la edición, creo que un buen libro es el que consigue el equilibrio entre la verdad y su interpretación. Si lees el índice puedes entender la historia y comenzar a revelar el sentido oculto que hay en la mayoría de las imágenes. Las otras imágenes son más abiertas y la narrativa tiene sus momentos de silencio, sus vacíos –como toda historia-, entonces digamos que hay mucho espacio para la imaginación.

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P.D.F.: La secuencia del libro y su diseño muestran que hay una buena posibilidad de crear una narración poética sin que eso afecte el aspecto documental del proyecto. No hay necesidad de preocuparse por la objetividad y el aspecto no ficcional de lo que retratas en este libro. ¿Cómo lograste integrar, por ejemplo, los artículos de prensa con las viejas fotografías a la historia de Doug? ¿Esas imágenes de guiaron en el proceso editorial de construcción de una narrativa de múltiples lecturas o fueron los diseñadores quienes encontraron coincidencias entre tus imágenes y los archivos en el proceso de secuenciación?

K.B.: Para mí un buen libro es el que consigue encontrar una harmonía entre lo legible y lo poético. Cuando colecté las imágenes y los artículos de los que hablas, estaba muy impresionada por ellos, sentía que me podía perder en esa pila de archivos. Todo estaba contactado con todo y todo estaba asociado con la vida de Doug. Intenté durante un tiempo crear una línea narrativa como base de la historia mezclando mis imágenes con el material encontrado, pero no lograba hacer que ese relato funcionara. Sentía que la poesía se perdía o que algunos hechos factuales no parecían relevantes.

Finalmente le pedí al editor Ellen Sanders, quien se convirtió en un gran amigo durante todo este proceso, que me ayudara a resolver esa situación. juntos, abordamos la esencia del proyecto, editamos mis propias fotografías pensando en una narrativa simple en torno al viaje hacia el bosque, manteniendo siempre esas relaciones poéticas entres las imágenes. René y Brigitte, los diseñadores, llegaron luego con la idea de integrar unos desplegables para integrar el imaginario de Doug a través de esos documentos encontrados.

De ese modo, podía usar esos dos tipos de imagen haciendo que los distintos niveles de lectura mantuvieran un equilibrio sin intervenir mucho los unos con los otros. Los desplegables integrados al libro fueron reunidos en categorías para indicar la esencia de la vida de Doug, por ejemplo, su casa, lo mucho que se divertía trabajando en la base militar con su grupo de amigos, la vida cotidiana, nuestro contacto, creando algo más tangible y claro. Hay algunas de esas imágenes que contienen datos relevantes para la historia, otras menos, pero proponen una orientación interesante para recrear nuestro camino y el de Doug hacia el bosque.

P.D.F.: La luz y los colores de las imágenes en el libro nos hacen pensar que Holberg, el bosque de San Josef Bay y la casa de Doug son lugares muy pintorescos y apacibles, como si fueran paisajes idílicos, lugares perfectos para vivir. ¿Es esto es algo que viene de tu propia visión poética de la naturaleza?

K.B.: Me imagino que sí. Tengo tendencia a trabajar con proyectos largos como este –que me tomó seis años- a tal punto que mi experiencia poética se obscurece un poco. Los recuerdos se interponen luego creando una versión romántica del pasado. Me gusta cuando esto pasa, le agrega otra interpretación a la historia. Estoy de acuerdo con que esas imágenes del libro reenvían a paisajes de ensueño, pero no creo que se vean como lugares ideales para vivir. las imágenes contienen un mensaje de alerta, algo parece amenazante en ellas. Supongo que es algo que viene de mi propia experiencia de vida. Vivo en una de las ciudades más pobladas del mundo. La naturaleza salvaje no existe aquí, inclusive los bosques han sido construidos por el hombre. Para mí la naturaleza en su estado más salvaje es algo fascinante y aterrador al mismo tiempo. Junto con el equipo editorial decidimos que los colores de las imágenes debían ser un poco menos fuertes, para resaltar el aspecto de la ficción o del imaginario y que la historia no quedara atrapada en esa idea de la verdad documental que es un poco incómoda.

P.D.F.: ¿Cómo fue la experiencia de tomar fotografías en el bosque durante las mejores horas de luz? ¿Debías ir al bosque durante el verano para obtener esa visión de San Josef Bay, la casa y los árboles?

K.B.: Estuve allá dos veces al final del verano. Fue una decisión consciente. No quería encontrarme con los turistas que visitan la zona (aunque nunca creí mucho en las palabras de Doug quien me decía que el campamento podía estar muy lleno en época de verano), pero tampoco quería quedarme atrapada bajo la lluvia. La humedad y la densidad de la lluvia en el norte deVancouver Islandson las más altas de Estados Unidos. El camino se inunda varias veces al año. Tuve mucha suerte con el clima las dos veces. Y de alguna forma, la luz allá es impresionante, aún en días nublados el cielo parece como una lámpara de luz. Todo se ilumina de una forma muy especial. Supongo que tiene que ver con el verde del bosque que refleja la luz de un modo muy particular.

En cuanto a las fotografías de Holberg, me desperté a las cuatro de la mañana, esperando poder registrar el lugar al alba. Pero el día estaba húmedo y todo parecía como sin color. El pueblo tenía un aspecto apocalíptico.

P.D.F.: En uno de tus textos hablas de tu viaje hacia la casa de Doug. Durante ese viaje paraste en Port McNeill. No parecía ser un lugar muy agradable según tu experiencia. Te cruzaste con un grupo de canadienses y una mujer de aspecto muy rudo que le daban a ese entorno un aspecto asfixiante. ¿Crees que esa es una frontera invisible que se debe atravesar antes de llegar a lugares más amables como el que quisiste fotografiar ¿Crees que la lejanía y el aislamiento en el bosque son dos de las condiciones que permiten llevar una vida más amena de la que vista en ese puerto?

K.B.: El norte de Vancouver Island es un lugar muy rudo, tanto en los pueblos como en el campo. No es un lugar bonito como el sur, no hay mucho turismo, tampoco hay oportunidades de trabajo y la mayoría de los recursos naturales fueron extraídos. Es el típico lugar del que quieres salir corriendo cuando naces ahí. O el lugar donde te escondes, si tienes alguna razón para ello.

La naturaleza de San Josef permite el aislamiento. De forma literal, pero también figurada, porque la naturaleza es indiferente a la realidad urbana y al contexto rural. Seguirá funcionando como ecosistema que estés ahí o no. aunque personalmente me siento cómoda en esos paisajes, es un entorno que te puede hacer sentir mucha soledad y mucho aislamiento. No creo que la naturaleza en sí nos dé la posibilidad de sobrepasar ese sentimiento. Es lo suficientemente bonita para hacerte olvidar por un tiempo esas presiones, pero es más la personalidad y el espíritu de las personas lo que permite que ese sentimiento sea superado, no la naturaleza.

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P.D.F.: ¿Cuál ha sido exactamente la relación que Doug ha desarrollado con el bosque? Dices que es un lugar donde quiso construir un hostal al inicio. ¿Qué pasó con esa idea de compartir el bosque con viajeros y exploradores?

K.B.: Dougtiene una relación complicada con la naturaleza y en especial con el bosque. Una vez me dijo que, si hubiera sido dos personas, una de ellas hubiera permanecido en Vancouver y estudiado francés. Le gusta estar en contacto con la gente y realmente conecta con la sociedad. Pero también le gusta vivir en el bosque. Es un amante de la naturaleza. Tiene un cuervo como mascota, alimenta a los pájaros y a las ardillas, es partidario de la protección de especies nativas como el salmón.

Al mismo tiempo me dice que se siente agobiado todo el tiempo con esos planes que tiene de hacer un hostal, todo el esfuerzo que se necesita para mantener esos objetos en buen estado y mantener el campamento limpio. La selva crece tan rápido que se pasa todo el tiempo cortando las ramas y quitando la maleza. El tiempo no le alcanza para reparar el techo. Ha luchado para tener electricidad, agua y una conexión internet durante años, pero nadie quiere invertir hasta tan lejos.

Cuando Doug abandonó el sueño de construir un hostal en el bosque, compró una casa pequeña en Holberg. Tiene serios problemas de artritis y de corazón. En Holberg hay un centro de salud y otros servicios básicos. En 2014, la sede principal de la compañía maderera abandonó el pueblo dejando solos a los 35 residentes que viven en él. Hace un año, Doug me escribió que la compañía que aseguraba el servicio telefónico y la conexión internet lo dejó sin comunicación sin ofrecerle nuevas opciones.

P.D.F.: ¿Crees que existe una diferencia entre los viejos colonos y este hombre, en la forma como viven, como se relacionan con la naturaleza? ¿Por qué una persona como Doug quiso vivir como ermita?

K.B.: Creo que los colonos tenían una idea idealista de la vida en el Norte de Vancouver Island. Buscaban un lugar donde podían estar juntos como comunidad y vivir de la tierra. Trabajaron muy duro para crear ese lugar a tal punto que hasta construyeron un dique. El gobierno había prometido a los colonos crear una vía para conecta esta parte del resto de la isla. Hasta entonces, la gente debía hacerlo todo a pie. Pedían por catálogo todo lo que n podían fabricar por su cuenta. De vez en cuando, un barco acostaba cerca al mar y la gente debía estar ahí a tiempo para recoger sus pedidos. Supe de jóvenes transportando a cuestas un horno o un piano durante kilómetros en medio de la selva húmeda. El terreno dificultaba la conexión entre las personas.

Doug tiene una vida fácil en términos prácticos. Compra la comida en el supermercado de Port Hardy a 70 kilómetros de su cabaña. Llega manejando por una ruta que fue construida en los 70’s por la compañía de explotación forestal.  Tiene un generador diésel que le permite preservar comida para no tener que vivir del cultivo de la tierra.

Pero Doug es un solitario, no tiene una comunidad sobre la cual puede soportarse o con la cual conectar la mayor parte del tiempo. Aunque nunca tuvo una visión realista de cómo quería que las cosas fueran, es tan persistente como los primeros pioneros. Sintió que tenía que guardar la memoria de esa base a la que estaba apegada y eso hizo. Para él la única opción de vida parecía sacar esos objetos de la base y llevarlos a un campamento. Seguramente pensó que construiría un lugar interesante para turistas, pero nunca tomó una decisión consciente basada en un ideal tal y como lo hicieron los pioneros. O quizás ese ideal se desvaneció con el tiempo. Doug estaba muy apegado a ese lugar y a esos objetos y probablemente es por eso que nunca pensó en irse del bosque.

P.D.F.: Ahora que publicaste este trabajo en una edición muy completa de esa obra, ¿que ha pasado con tu deseo de escoger el mismo destino de Doug cuando él apenas llegaba a los 20 años?

K.B.: Ese deseo siempre va a hacer parte de mí, creo. Siempre lo ha hecho. Pero también me gusta el contacto con la gente, con la sociedad, más de lo que quisiera admitirlo. Por otro lado, Doug dejó que la vida simplemente siguiera su curso. Ahora que tengo una familia con hijos y vivo en una casa muy tranquilamente estoy tan atrapada a un lugar como lo está. Es por eso que me interesan la fotografía y la escritura, son excusas para viajar cada vez que puedo. Es mi opción para salir de ese mundo.

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P.D.F.: ¿Cómo definirías este libro: es un álbum que recolecta memorias de un lugar, un diario personal, un documento sobre la vida de un hombre en el bosque?

K.B.: Me gusta referirme a este libro como a un mosaico de historias. Contiene todo lo que mencionas. Está el aspecto documental sobre la vida de Doug, hay historias de pioneros y documentos sobre la base militar, mis experiencias personales y pensamientos, el bosque con sus distintas atmosferas. Con el tiempo esas historias se unen cada vez más, como la vida. Cosas reales suceden pero nuestras experiencias siempre están marcadas por nuestras propias interpretaciones de lo vivido. con el tiempo, la verdad se mezcla cada vez más con cualquier otra cosa que haya sucedido, cosas que hayamos oído o leído. La verdad se convierte en ficción hasta cierto punto.

P.D.F.: ¿Qué películas, textos, obras de arte o fotografías te han influenciado para hacer este trabajo? ¿Esta obra está reactivando una conexión poética con un movimiento artístico en particular?

K.B.: Leo mucho para inspirarme. Hay un par de novelas que sobresalen con relación a esta historia de la cabaña de Doug. Una de ellas es “Spit Delaney’s Island”de un escritor de la región que se llama Jack Hodgins me permitió conocer el espíritu de la gente de esta zona. El libro de Sylvain Tesson“Six Months in the Siberian Wilderness”, es el diario de un filósofo francés con el que conecto porque compartimos los mismos deseos. Y está también “Tinkers” de Paul Harding que es uno de los mejores libros que he leído. Cuenta la historia de un hombre viejo que recuerda la vida de su padre un vendedor que viajaba por los bosques con la mercancía a finales del siglo pasado. El libro me hizo pensar mucho en los bosques donde vive Doug.  En cuanto a libros de imagen pienso en “Broken Manual” de Alec Soth por la belleza del tema y de la edición. También debo mencionar “Redheaded Peckerwood” de Christian Patterson por lo ingeniosa que es la forma como contó la historia.

En cuanto a tu pregunta sobre la influencia artística, no creo que Doug’s Cabin haya sido influenciado por algún movimiento artístico en particular. Podrías decir que es un libro romántico, pero eso realmente no definiría la totalidad del trabajo.

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Diario de viaje

“San Josef Bay está más lejos del resto del mundo de lo que recordaba. Llevo casi diez horas conduciendo mi alquiler, una impresionante camioneta de estilo canadiense. Ha estado lloviendo durante la mayor parte del viaje. Una llovizna opaca combina tierra y cielo en un gris interminable, lo que me hace dudar de mi decisión de viajar tan temprano en esta temporada del año. Sim embargo, al pasar las montañas de la mitad de la isla el sol sale y la tierra se siente cálida. Cuanto más me muevo hacia el norte más escasa es la población.

Ver pasar a otro carro es una rareza y siempre va en la otra dirección. Tomé el turno a Port McNeill para abastecerme de comestibles pensando en el viaje de la próxima semana -en Doug hay muy pocas comodidades-. La ciudad se siente hostil, se consumió hacia adentro, a pesar de (o tal vez debido a) tener la calle principal rodeando la costa. El hedor de pescado podrido cuelga sobre el enorme estacionamiento del centro comercial.

Cargado de comestibles y comiendo un sándwich con una cantidad improbable de carne, salgo del centro comercial a través de las puertas corredizas. Un grupo de nativos canadienses pasan una botella entre ellos. Me llaman nombres que no entiendo. Sus risas ahogadas por el alcohol revelan el extraño diente perdido. Pobreza. Colonialismo. Es un lugar apretado, reprimido y atrapado por la nueva fuerza predominante. Pienso en las fotos que vi de sus antepasados. Orgullosos, místicos, con un respeto divino por su entorno. Si tan solo hubiéramos escuchado…

Detrás del parabrisas de un Honda oxidado, una mujer pesada mira hacia adelante: su cara está pálida, como vacía. Una tristeza cae sobre mí. ¿Y si esta es tu suerte? Nacido en este rincón más alejado de la Tierra, donde las constantes precipitaciones crean bosques pluviales reales, sin nada más que hacer que pescar, tala o escapar para siempre. El sándwich me hace sentir náuseas. Relleno la pequeña nevera de la caravana, aprovisiono combustible y apago el lote Pronto seguiré la señal hacia Holberg, por un camino de grava resbaladizo y lejos del mundo habitado”.

Karianne Bueno

Web
http://www.kariannebueno.nl

Biografía

Karianne Bueno es una fotógrafa holandesa nacida en 1979 en Leuvarda​​​. Entre 2003 y 2005, estudió en la Universidad de las Artes en Utrecht (HKU) y en la Real Academia de las Artes en Gent (KASK). Luego, y hasta 2007, se especializó en fotografía en el Post-St.Joost Fotografie en Breda. Actualmente trabaja como profesora en la Fotoacademie de Ámsterdam.

En la mayoría de sus proyectos, Karianne Bueno se sumerge en paisajes naturales idílicos, observando cuidadosamente los alrededores, compartiendo todas sus impresiones con pequeños textos que están al borde de un diario y un testimonio personal de su visión pastoral. Sus visiones naturalistas representan paisajes pintorescos de delicada belleza.

A través de sus fotografías y textos, el espectador vive un momento muy tranquilo sentado en el jardín (Me, Deer), un viaje a través de un país desconocido visto a través de los ojos de un viajero fascinado por lo que ve (Haiiro) y un día sencillo además de ermitaños contemporáneos. , personas que viven en el bosque (Doug’s Cabin) o en pequeñas aldeas (Asper), lejos del ruido de las grandes ciudades. Su observación cuidadosa de la naturaleza, “nos deja con más de una comprensión emocional de un lugar que un sentido literal de la ubicación”.

Doug’s Cabin, es el primer libro publicado con The Eriskay Connection en 2019. Antes de esa edición, Karianne ya había publicado otros tres libros: De Overkant, en 2005, editado e impreso por su propia cuenta, con imágenes del norte de Ámsterdam, Asper, un libro sobre la vida cotidiana de una comunidad rural en un pequeño pueblo de la Bélgica flamenca, publicado con Schaden en 2010 y Haiiro, un pequeño volumen muy delicado de trece imágenes que nos lleva a su viaje personal a través de diferentes territorios japoneses también publicado por Schaden en 2012.

 

 

 

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