Aleix Plademunt, Un Passaggio, Ca l’Isidret, 2017

“Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas…”

Pier Paolo Pasolini, Poesie a Casarsa, Libreria Antiquaria, 1942

“Apro su un bianco lunedì mattina
la finestra, e la strada indifferente
ruba tra la sua luce e i suoi rumori,
la mia presenza rada tra le imposte…”
Pier Paolo Pasolini, Poesie a Casarsa, Libreria Antiquaria, 1942

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Desde el primer momento que PUNTO DE FUGA conoció a Aleix Plademunt, sus fotografías estaban llenas de casas. Todo empezó el día que Aleix, se acercó a una librería en París para mostrarnos a todos, con el entusiasmo de un niño, la primera publicación que había hecho. Era una edición muy frágil, con fotografías de bosques en blanco y negro, paisajes que rodeaban la casa donde empezó el primer proyecto editorial que él inició junto con Roger Guaus y Juan Diego Valera. Ca l’Isidret Edicions, la casa de Isidret, fue la primera casa editorial que íbamos a conocer por sus libros fotográficos de vanguardia. La edición de esa primera publicación, hecha en 3000 copias, era delicada, impresa en un papel fino, con un formato muy similar al de un periódico. Al tocarla, pareciera que uno podía quedarse con la tinta en las manos. No llevaba título…

Desde ese momento, Ca l’Isidret fue el lugar de la crónica, la case editorial de los libros de fotografía con los que hemos ido conociéndolos a todos. Esas publicaciones han sido también nuestra única forma de seguir los pasos de Aleix, de entender las sutilezas de su mirada de antropólogo y de cazador -uno muy moderno-, intentando entender esa familiaridad con la que ha ido integrando piezas arqueológicas y otros objetos del cotidiano a su trabajo fotográfico. Después de la casa y el bosque, vinieron: las fotos de objetos, restos de luz y de piedra, imágenes de patios y de escaleras de un apartamento que desconocemos. El presente más inmediato con su extrañeza y el pasado más remoto tan familiar, reunidos en un sólo libro editado junto con MACK, Almost There. Un libro que es como una apología al tiempo, un trabajo sobre los avatares de nuestra percepción del tiempo.

En medio de ese largo camino que emprendimos por conocerlo, decidimos hacer un alto para ver con más detalle su último trabajo: Un Passaggio, el proyecto fotográfico que hizo en mayo del 2017 por invitación de tres curadores: Diane Dufour, Elio Grazioli y Walter Guadagnini. Quisimos hablar con Aleix de esa serie en particular por la inmensa labor que lo llevó a publicar un libro de más de 1900 páginas con imágenes en blanco y negro de la región en donde Pasolini pasó su infancia. Lo que encontramos en ese recorrido fue un sinnúmero de retratos eléctricos de pueblos y calles en el camino entre  Luzzara y Reggio Emilia, en la región septentrional italiana de Emilia-Romaña. Todos esos paisajes furtivos podrían haber sido tomados el mismo día, a la misma hora; todos podrían haber sido tomados en la noche. El flash es el detonante del encuentro con los pueblos, el golpe de luz que revela la presencia de la vida urbana, la tranquilidad de los barrios de casas que bien podrían ser el hogar de cineastas y poetas como Pasolini o el refugio de fotógrafos como Luigi Ghirri.

Un Passaggio no es sólo el relato de una trayectoria, es un libro sobre los que habitan esos paisajes rurales italianos del norte. Son recuerdos eléctricos de un fotógrafo que se adentra en un territorio buscando captar en imágenes, el ruido que se oye bajo las puertas de las casas. Fotografías que resuenan con los murmullos de los habitantes que se adentran en sus solares, esperando que llegue la noche. PUNTO DE FUGA quiso compartir con los lectores esa conversación que surgió a raíz de la publicación del libro en junio de 2017 y de la exposición Altri Paesi que se llevó a cabo en el antiguo convento de los dominicanos, situado sobre la vía Dante Alighieri, en la ciudad de Reggio Emilia.

Entrevista a Aleix Plademunt
Un Passaggio, Ca l’Isidret, 2017
Por PUNTO DE FUGA

P.D.F.:  Debo decirte Aleix que quedé impresionada por tu último trabajo fotográfico, Un Passaggio. No solamente porque tiene un sello propio, con fotografías de un paisaje que sólo tu pudiste haber retratado de esa forma, sino también porque viene de esa región que tanto inspiró a Luigi Ghirri y a Pier Paolo Pasolini. Y al parecer no fueron los únicos. Dices que es también la región donde Paul Strand tomó fotografías entre 1953 y 1955. Digamos que no era tierra virgen. Pero tu trabajo es muy auténtico. ¿Cuál fue el detonante de esa serie tan extensa?

A.P.: Creo que antes que nada es importante enmarcar el proyecto en el contexto por y para el cual fue concebido. Un Passaggio es el resultado de una invitación por parte de Diane Dufour, Elio Grazioli y Walter Guadagnini a participar en el festival Fotografía Europea de Reggio Emilia, para realizar un proyecto fotográfico que posteriormente sería expuesto en el festival (5 de mayo 2017 en el Chiostri di San Domenico, Reggio Emilia). Los comisarios marcaron un punto de partida y coordenadas: el proyecto debía generar un diálogo con el tema principal del festival del 2017. Éste tenía que ver con la idea de pueblo y la idea de archivo, cuestiones relacionadas directamente con la muestra principal que acogía esta edición del festival: el proyecto, y también libro, Un Paese, realizado por Paul Strand y Cessare Zavattini en Luzzara (pequeño pueblo de la Emilia Romana) en el 1955.

Los comisarios del festival entendían que las imágenes realizadas por Strand y Zavattini se habían convertido en un archivo en sí, y creían interesante que varios fotógrafos partieran de esos conceptos, no para re-interpretar Un Paese (Como tal vez ya había hecho Stephen Shore en el 1993), sino para trabajar con esos materiales y ver qué conclusiones se podían establecer desde este lugar y, sobre todo, desde este momento. El reto era enorme. Grandes referentes personales ya habían pensado y fotografiado ese lugar y lo habían hecho de una manera trascendente.

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P.D.F.: Durante tu residencia que hiciste en 2015 debías trabajar sobre la gente y sobre el archivo. Pero lo que uno más ve en tus fotografías son paisajes clasificados, fotografías de las casas que te encontraste en la región. ¿Ser exhaustivo era parte del juego? ¿En qué momento un trabajo de clasificación se convierte en paisaje? 

A.P.: No había ninguna limitación o dirección creativa. Únicamente tenía que trabajar bajo la premisa temática del festival. El resto, libertad creativa.

P.D.F.: Dices ese proyecto lo estructuraste y lo clasificaste en tres partes: la primera reúne las fotografías de Luzzara, la segunda tiene imágenes tomadas en un pueblo de Emilia Romagna y la última tiene fotografías de Reggio Emilia. Tres territorios que tú no pensaste por separado sino como parte de una trayectoria. ¿Cómo se puede fotografiar un territorio en toda su extensión y hacer de él un archivo? ¿El catalogo: es archivo o son dos cosas independientes que trabajan a dos escalas de tiempo distintas? Te lo pregunto porque no sé en qué momento la fotografía deja de ser imagen instantánea y empieza a “hacer historia”. 

A.P.: ¡De modo incomprensible, ésta era mi primera visita, a Italia, y definitivamente no la última! La misión era un reto en muchos niveles. Estoy acostumbrado a realizar proyectos de larga duración. Actualmente llevo más de cuatro años trabajando en el mismo proyecto y no veo el momento de terminarlo. Cada vez me es más difícil realizar un trabajo que sea concluyente de algo. Enfoqué Un Passaggio como un acercamiento o investigación inicial para un supuesto y futuro proyecto a desarrollar. Por tanto, Un Passaggio, lo planteé como todo ese trabajo previo, imprescindible, antes de entrar en materia. Digamos que este volumen de 1956 páginas sería el prólogo de un hipotético proyecto. Antes de tener una opinión sobre el lugar, necesitaba conocer el lugar, y sentí que la mejor manera era caminar y observar.

En cuanto a la estructura del libro o del proyecto, sentí que necesitaba conocer el lugar dónde estaba enmarcado Un Paese. En Luzzara, había vivido Zavattini, habían trabajado Strand, Ghirri, Shore, Pasolini… ¡Tenía que ir, conocer y trabajar en ese lugar! Teniendo en cuenta que la exposición se realizaba en Reggio Emilia, ciudad de residencia de Luigi Ghirri, y que todos ellos han sido fuertes referentes para mí, quise hacer un puente para conectar estos dos lugares. Decidí realizar un viaje de Luzzara a Reggio Emilia, emulando el éxodo del campo a la ciudad, que de alguna manera se habían enfrentado todos estos pequeños pueblos en fechas posteriores a Un Paese.

La primera parte del proyecto está realizada en Luzzara. Intenté fotografiar todas las casas del pueblo.
La segunda parte es un viaje a pie entre Luzzara y Reggio Emilia. 40km de viaje. Más de 10 horas de camino a pie.
La tercera parte es un reconocimiento de Reggio Emilia.
La portada del libro está compuesta por una pintura del artista reggiano Gino Gandini realizada en la década de los 50’.

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No sé responder algunas de tus preguntas. No sé si se puede fotografiar un territorio en toda su extensión. Tal vez sí, pero yo soy incapaz. El territorio es vasto, complejo, lleno de códigos históricos, sociales, políticos, aparte de los geológicos, geográficos… Cualquier aproximación siempre va a ser subjetiva y eso es precisamente lo que he querido potenciar en el proyecto y para nada esconderme de ello.

Me hubiera gustado poder tener el tiempo y la posibilidad de entrar a las casas de la gente de Luzzara y conversar con todos sus habitantes. En este momento había un límite cultural, idiomático y sobretodo de disponibilidad de tiempo. Decidí fotografiar todas las casas donde vivía esa gente con la que me hubiera gustado establecer ese contacto, es decir, todas las casas. De alguna manera es el archivo o la catalogación de mis paseos, solamente eso. Registrar lo que veía y cómo lo veía en este momento. El viaje entre Luzzara a Reggio Emilia lo hice siguiendo las indicaciones de Google Maps. Nuestro gran archivo contemporáneo, cuestionando tanto la ruta sugerida, como la representación estándar del lugar.

Michael Wetzel escribió a Baudrillard:

“El mundo se convierte en motivo de su reproducción fotográfica y fílmica, y las imágenes procedentes de todo el mundo reemplazan la imagen del mundo. Podría decirse: el ser imagen obtiene preeminencia ontológica sobre el ser. Los nuevos medios y las tecnologías de la computación nos han catapultado a esa zona de indiferenciación entre el ser y la apariencia, entre la realidad y la imagen. El mundo de los simulacros absorbe la apariencia y liquida lo real”.

El proyecto, el pasear, la experiencia, el ver y fotografiar, se convierte en un reconocimiento e inventario personal del ser, devolver la mirada a las cosas y las casas, lo real. Y respondiendo a tu última pregunta, entiendo que todas las fotografías están científicamente tomadas en el pasado. Una vez has presionado el disparador, ya es historia. El momento de la historia al que pertenece dependerá de la escala del tiempo en el cual lo quiera uno ubicar.

¿A qué le llamamos pasado? ¿A lo que pasó hace un segundo? ¿O a lo que pasó hace 100 años? Todo lo es, ¿no? En un trabajo anterior fotografié la galaxia Andrómeda. Está a 2,5 millones de año de la Tierra. Seguramente es una de las fotografías más hermosas que he tomado ya que en ese momento estaba contemplando el pasado. Estaba contemplando una luz que había estado viajado a 300 mil km/seg durante 2,5 millones de años. Estaba viendo y fotografiando en presente el pasado.

P.D.F.: ¿Una obra tan extensa como la que hiciste fue pensada desde el principio para hacer parte de un libro? ¿Cómo editarlo?

A.P.: La invitación al festival era para realizar una muestra. Pero teniendo en cuenta los antecedentes de Un Paese, y que el libro es un lenguaje que me interesa y quiero explorar cada vez más, me pareció interesante proponer la exposición del libro. En la sala se muestran todas las fotografías del libro y el libro. Tanto en el libro como en la muestra, todas las fotografías están ordenadas a modo cronológico, por orden de disparo, por orden de recorrido.

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Cuando recibí la invitación para trabajar en el festival, acababa de publicar el libro Morishita, realizado en Japón entre 2015 i 2016. Este libro tenía 2016 páginas y de alguna manera tenía parte de lo que me plantaban en Reggio Emilia. Decidí que Un Passaggio fuera un volumen hermano de Morishita. Haciendo ciertos paralelismos entre Japón, Italia y los dos libros. Digamos que Morishita fue el catalizador de Un Passaggio. 

P.D.F.: ¡Ah, los protocolos y las ediciones japonesas! Es muy divertido que un libro tan grueso se titulara de ese modo… ¿A qué hace referencia?

A.P.: El título del libro es un acercamiento al título del libro de Strand y Zavattini, Un Paese. Pretendía ser un simple juego de palabras. Un Paese se publicó en 1955, Un Passaggio tiene 1956 páginas. Es un homenaje. Un Paese –Un Pueblo– es un título con una pretensión muy fuerte. Es cierto que Zavattini era nacido en Luzzara y obviamente tenía un gran conocimiento de su pueblo. Paul Strand estuvo varios meses en Luzzara y pudo familiarizarse con el lugar e incluso con la proyección de este. El trabajo va de lo local a lo universal. El libro examina el pasado, el de la tradición rural, en particular de Luzzara y el Valle del Po, en estrecha relación con la modernidad, creando un diálogo entre el pasado y el presente, con la idea de fotografiar una aldea que a través de sus habitantes ilustre las diversas facetas de la humanidad, inspirado en la antología de Spoon River de Edgar Lee Masters y Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson.

Un Passaggio, es una consecuencia de Un Paese, pero sin esa pretensión en el título, ni en su propuesta, ni en sus conclusiones. Un Passaggio es un simple paseo, un recorrido, un reconocimiento sin sentencia. Sólo quería observar al ritmo del paseo.

P.D.F: Entiendo, esta vez fuiste fotógrafo y caminante. ¿Qué fue lo que te llevó a tomar esas fotografías, qué impulso fue el que generó el acto fotográfico? 

A.P.: El impulso para tomar las imágenes es el mismo en todas ellas: reconocimiento y observación al ritmo del paseo. En casi todos mis trabajos anteriores, mis fotografías están tomadas con cámara de placas 4×5”, una cámara lenta y pesada, que te obliga a realizar un trabajo más reflexivo y menos espontáneo. En esta ocasión todo debía o quería que fuera diferente. No disponía del tiempo para tomar tantas fotografías con la 4×5” y también el objetivo era otro. Quise utilizar una cámara ligera para poder caminar horas sin demasiado peso, la fotografía debía de ser rápida. El flash me ayudaba a tomar imágenes sin apenas detener el ritmo del paso. Fue un verdaderamente liberador.

P.D.F.: Me gustaría hacer una parte de ese trayecto contigo. Quisiera que escogieras treinta imágenes de ese recorrido que hiciste… 

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P.D.F.: Uno podría pensar que, al tener una tal cantidad de imágenes, cualquier orden podría justificarse. Si lo que importa en realidad es generar un archivo, o catalogar, la singularidad de un retrato se pierde. Crees que las fotografías que tú hiciste se valen por sí solas. ¿Cada una de ellas podría ser un pasaje o es el conjunto el que las hace interesantes? 

A.P.: Pues después de disparar miles de fotos y realizar un libro de casi 2000 páginas, creo que el volumen y el conjunto es lo que les da significado. No siento que una imagen sea más importante que otra. Todas suman en la misma dirección.

P.D.F.: Cuando uno busca hacer el retrato de un territorio o establecer un recorrido que le va a dar el sentido: ¿qué es lo que vale? Reggio Emilia podría ser cualquier otro territorio… ¿Crees que hay algo que lo identifica, algo que tu fotografía contiene que es único? Lo pregunto porque siento que el registro documental ha dejado de ser una opción para muchos y es difícil devolverle a la fotografía la fuerza que tenía en los 70’s-80’s, cuando retratar el paisaje significaba confrontarnos a su destrucción, a su inevitable intervención… 

A.P.:  Creo que cuando se creó Un Paese, sí pensaban que Luzzara podía representar la idea de pueblo. Sus textos y sus imágenes tal vez nos querían conducir en esa dirección. Supongo que todavía sería posible. De alguna manera todos tenemos una idea de lo que es una ciudad, un pueblo, una montaña… Si hiciéramos el ejercicio de trabajar en esa dirección supongo que podríamos conceptualizarlo. Ese no era el objetivo de Un Passaggio. Cómo he comentado anteriormente, el proyecto planteaba un reconocimiento inicial del territorio para poder formar una primera opinión o idea de dónde habría que trabajar. Después de este primer reconocimiento el proyecto podría empezar. Nunca lo hizo. Este trabajo inicial se convirtió en el proyecto, que intrínsecamente ya cuestiona varios asuntos relacionados con el pueblo y la práctica fotográfica….

En cuanto al registro documental que comentas de los 70’s y 80’s, no siento que haya dejado de ser una opción. Lewis Baltz sigue siendo un referente muy contemporáneo para mí. Si es cierto que cuando se repiten los patrones, los encuadres y las sistemologías de trabajo de estos autores durante 40 años, pues efectivamente pierden fuerza. Lo mismo pasa con la fotografía documental en general. Para comunicar mejor, necesitamos crear nuevas imágenes –aunque sea sobre los mismos temas, porque estos no tienen por qué haber dejado de ser importantes– nuevas imágenes y nuevas narrativas, nuevas discursos, opiniones y acercamientos a estos asuntos. Muchos de ellos igual de trascendentes que en los 70’s.

P.D.F.: Hay algo de profundamente silencioso en la fotografía de paisaje. Es como si esa realidad que la cámara intenta captar se nos escapara. Me pregunto cuál puede ser la expresión del paisaje, de qué forma podemos entenderlo tal y como se expresa ahí, en la fotografía. ¿Tú crees que para entender el paisaje a través de una fotografía debemos romper con ese silencio o por el contrario debemos acostumbrarnos a él, aceptarlo como algo esencial?

A.P.: En los paisajes de Antoine d’Agata oigo gritos, en los de Eggleston música celestial, en los de Lewis Baltz se escucha un zumbido constante y penetrante, en los de Leiko Shiga disonancias y estridencias, en los de Takuma Nakahira escucho susurros y ruidos desconcertantes, en los de Juan Diego Valera escucho un ruido a-rítmico y penetrante, en los de Óscar Monzón oigo el sonido del agua…Se me hace raro no escuchar nada en el paisaje. Los paisajes son muchas cosas, y probablemente las fotografías hablan más de los fotógrafos que de los lugares.

P.D.F.: Y en los tuyos, ¿qué se oye? Cuando uno ve tus fotos parece oír los murmullos de la gente del pueblo que por fin entra a su casa a esperar que llegue la noche… Esa la primera impresión que produce ese ambiente nocturno. Si te pregunto por el silencio en tus imágenes es porque quisiera saber si hay algo puramente contemplativo en ellas, algo que va más allá del archivo y que sólo podremos entender cuando admiramos algo que nos es ajeno. ¿Qué piensas tú de eso? ¿El caminante puede ser otra cosa que un observador silencioso?

A.P.: Pienso que lo que vas a ver en el libro es mi interpretación de ese lugar, en ese momento concreto. Seguramente si hoy tuviera que repetirlo sería totalmente diferente, y eso no lo veo un problema.

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P.D.F.: Esto es algo que te he debido preguntar desde el principio. ¿Por qué fotografiar en blanco y negro? 

A.P.: He realizado apenas cuatro proyectos en blanco y negro. Cada uno tiene una intención y significado distinto para mí. En el caso particular de Un Passaggio, hay una intención de desmarcarse de la rigidez de la supuesta realidad, intentar alejar las fotografías de la idea de pueblo en tanto a valor absoluto. El simple hecho de que nuestra visión es en color, la representación de un lugar en blanco y negro nos aleja de lo real.

Estas fotografías tienen algo parecido a esculpir con la luz del flash el blanco y el negro de la imagen. Formalmente hablando, me interesé no tanto los volúmenes y las texturas como las formas. Muchas de las imágenes plantean una cuestión plástica y de forma con el blanco y el negro sin apenas grises. Con el color se habría perdido esa relación, entrando colores y matices que desviaban la atención del propio dibujo. El libro Un Paese también era en blanco y negro. Por una suma de varias decisiones, pensé que tenía sentido que fuera así.

P.D.F.: Para terminar, ¿crees que fotografiar el paisaje es una forme de perderse en esa otra realidad o es una forma de encontrarse, de reconocerse en ella? ¿O es simplemente una forma de estar “ahí”, ser testigo del presente inmediato? ¿Cómo lo ves tú?

A.P.: Tal vez es una manera de ver y pensar el paisaje. La experiencia para el fotógrafo no será la misma que para el lector. El fotógrafo ha estado en el lugar, lo ha vivido y sentido. Él lo ha interpretado y ha decidido como representarlo. El paisaje, el lugar sigue allí, con su propia identidad, una identidad que tal vez el fotógrafo nunca supo detectar.

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Biografía.

Aleix Plademunt nació en Girona, Catalunya, en 1980. Es el fundador de la Editorial Ca l’Isidret en Barcelona junto con Juan Diego Valera y Roger Guaus. Su serie fotográfica Almost There fue publicada por MACK y Ca l’Isidret. Desde entonces su obra ha sido reconocida y expuesta en los más importantes museos y galerías de Europa. Acaba de publicar el libro Un Passaggio en su propio sello editorial, con fotografías hechas durante una estancia en Reggio Emilia, Italia, de residencia de Luigi Ghirri un gran maestro italiano de la fotografía.

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