El Juego de la Madalena es un libro que tiene como principal cualidad su trabajo de asociación no secuencial de las imágenes. Para Julieta Averbuj, el libro es un ensayo visual sobre la necesidad de recordar. Como bien lo comenta en un texto publicado en LF Magazine: “La idea surge del deseo de homenajear a mi padre, fallecido en 2017 en la ciudad de Buenos Aires. Las fotografías, sacadas de sus álbumes familiares, son recuerdos de un tiempo en el que yo no existía, pero que sin embargo siento propio gracias a sus relatos. Estas imágenes (algunas enmohecidas y consumidas por los hongos que crecieron en el interior de los álbumes) hablan del vínculo entre el tiempo y la memoria. Al igual que el paso de los años modifica los recuerdos, los hongos invaden la materialidad de las imágenes, dando cuenta de ese reloj orgánico que todo lo transforma”.
Publicado por Fuego Books, su libro propone un trabajo de reapropiación de las imágenes en donde el álbum familiar toma un significado diferente. Pensado como una obra de experimentación visual sobre la memoria y su potencial narrativo, el libro invita al lector a jugar, a recomponer y a buscar nuevos significados en las imágenes que aparecen bajo una combinación sensorial de una calidad poética y sensible muy particular. Si bien las imágenes evocan el pasado y la memoria, El Juego de la Madalena es un trabajo que abre la posibilidad de traer de nuevo al presente, documentos del pasado para darles otra vida.
PUNTO DE FUGA quiso establecer un diálogo con Julieta Averbuj para entender cómo las fotos familiares pueden generar posibilidades narrativas conforme van asociándose libremente y generando de forma casi involuntaria frescos narrativos en donde la imagen se expresa por su textura, su forma y su color y no unicamente por lo que representa.
Entrevista:
P.D.F.: Julieta, estuve leyendo el texto que publicaste en LF magazine sobre tu libro y me pareció interesante descubrir que para ti la memoria es algo que se construye por medio de la asociación involuntaria de imágenes. Hablas de una narrativa en la que incorporas tus imágenes mentales por medio de un proceso que relacionas con el de los antiguos, quienes trazaban entre las estrellas líneas invisibles para crear constelaciones. ¿Qué te llevó a hacer este libro?
J.A.: El origen de este libro parte de la necesidad de rendir homenaje a mi padre, que falleció en 2017 en Buenos Aires. Tras su muerte, mientras vaciaba su casa me encontré con sus álbumes de fotos y una foto en particular fue la que inspiró el proyecto: una imagen en blanco y negro con una constelación de hongos que desdibujaban la imagen original. Esta foto despertó en mí la necesidad de crear algo a partir de ella, y así fue como surgió la idea de hacerlo a través del formato libro.
En el proceso de estructuración del libro entendí que lo que estaba haciendo era un homenaje a los recuerdos de mi padre lo que me llevó a pensar en cómo funciona la memoria. En mi experiencia, los recuerdos se construyen a partir de fragmentos de imágenes unidos por el lenguaje que los ordena y completa, deviniendo en relato. De ahí la necesidad de incluir texto. Sentí que quería reivindicar la importancia del lenguaje entorno a la construcción de la memoria.
Mi padre era divulgador científico. En su libro sobre la historia de la astronomía «Con el cielo en el bolsillo» hablaba sobre cómo los antiguos trazaban líneas imaginarias entre las estrellas creando así constelaciones. Es decir, la unión de partes individuales daba lugar a un significado que las englobaba. De ahí la relación que establezco entre la astronomía y la construcción de los recuerdos.
P.D.F.: El título sugiere la idea de un juego. ¿De dónde surgió este juego y qué relación tiene con el trabajo editorial o de narración que estbaleciste?
J.A.: En lo que al título se refiere, El juego de la madalena hace referencia a un juego inventado por mi padre que a través de su propia voz reconvertía fotografías aparecidas en el periódico del día, e improvisaba historias donde la magdalena era siempre el elemento desde el que partía el relato. Por ejemplo: la imagen de algún político con el dedo alzado y cara de enfado se convertía por unos minutos en un personaje ridículo que exigía comer magdalenas. Este juego de resignificación, coincide con el mismo sujeto de repostería del que Proust se valió en En busca del tiempo perdido, para describir el fenómeno en el que una percepción evoca un recuerdo.
Así, a través de imágenes de archivo, en blanco y negro y sepia, y gracias al recurso formal del reencuadre y la fragmentación quise trasladar el mecanismo evocador de la madalena de Proust, pero también quise invitar al espectador a participar de la lectura de forma activa, desde el juego, animándolo a que complete esos fragmentos de memoria, apropiándose de ellos, para darles un nuevo significado, tal como hacía mi padre con las imágenes del periódico.
P.D.F.: En el libro hay una materialidad evidente que se refleja en la presencia de hongos sobre algunas de las fotografías. ¿Este fue un trabajo de experimentación tuyo? ¿Qué relación tienen los hongos con la memoria de tu padre?
J.A.: Las imágenes que conforman el libro no han sido intervenidas, se presentan tal y como las encontré. Consideré importante preservar y reivindicar los hongos, al igual que el polvo, y las rayaduras, no solo por la potencia estética que le añadían a la imagen, sino además porque son marcas del paso del tiempo que añaden una capa adicional de significado a las imágenes que, de por sí, evocan el pasado y la memoria.
La transformación física de las imágenes es similar a la transformación de los recuerdos, que pierden nitidez, se fragmentan y transforman. Así como el paso del tiempo, los hongos invaden la materialidad de las imágenes, dando cuenta de esa transformación orgánica.
P.D.F.: Hablemos de la edición del libro. ¿Cómo fue tu trabajo con Fuego Books? ¿Llegaste con una serie ya diagramada y secuenciada o fue un trabajo que hiciste junto con ellos?
J.A.: El libro fue desarrollado en El Observatorio, una escuela de fotografía en Barcelona centrada en proyectos de fotografía de autor. Terminé con una maqueta bastante cerrada que utilicé para mandar a festivales y concursos. Uno de los lugares a los que envié la maqueta fue el concurso Fotolibro<40, donde Fuego Books sería la editorial del libro ganador. Aunque no gané el concurso, Gustavo Alemán, editor y fundador de la editorial, se interesó por mi trabajo y cuando surgió la oportunidad de colaborar, decidimos hacerlo. El libro ya estaba muy definido y Gustavo fue extremadamente respetuoso con eso. Aprovecho para decir que sin él este libro no hubiera sido posible, por ello le estaré siempre agradecida.
P.D.F.: En el libro hay un texto que aparece sobre el papel vegetal. ¿Qué dice ese texto y por qué decidiste publicarlo en ese papel?
J.A.: El texto tenía la función de reivindicar la importancia del lenguaje con respecto a la construcción de la memoria, pero además el texto también me permitía insertarme dentro del libro. Las imágenes con las que trabajo pertenecen a una época en la que aún no existía, formando parte de un imaginario familiar al cual no pertenezco directamente, pero que siento propio gracias a los relatos de mi padre. Es por esta razón que quise incluir mis propios recuerdos resultando en seis pequeños fragmentos de texto impresos en papel vegetal que funcionan casi como imágenes. El papel vegetal traslucido me permitía potenciar más la diferencia formal del recurso textual, y a la vez, intergrarlo en las imágenes, dando lugar a nuevas posibles lecturas.
P.D.F.: En muchas ocasiones has hablado de la forma como el espectador puede participar en la composición de esos fragmentos de memoria. Existe algo en el diseño del libro que invite al lector a apropiarse de los fragmentos y darles un nuevo significado?
J.A.: Dada la naturaleza tan personal del material fotográfico, era importante encontrar una manera de apelar al espectador y hacer que se sintiera conectado con las imágenes. La naturaleza incompleta de los fragmentos permite que cada persona que las observe las complete a su manera. A través de este enfoque, puedo establecer una comunicación directa con el espectador, quien puede interactuar activamente con las fotografías.
Este libro no solo propone una mirada activa que requiere que el espectador complete las imágenes, sino que también ofrece una experiencia física. Para respetar la forma en que funciona la memoria, utilicé una estructura no secuencial en el libro. Las imágenes y los recuerdos que aparecen se componen y se presentan de manera aleatoria. De esta manera, se invita al espectador a participar activamente en la construcción de estos fragmentos de memoria, animándolo a apropiarse de ellos y otorgarles, una vez más, un nuevo significado.
P.D.F.: También has mencionado la idea de tener un libro que represente el funcionamiento de la memoria. Tengo la impresión de que más allá del acto de recordar el libro libera las fotografías del tiempo en el que fueron tomadas para darles una cierta forma de permanencia. ¿Eso fue algo que buscaste también intencionalmente?
J.A.: El álbum es un dispositivo que permite esa liberación del tiempo en el que fueron tomadas las fotos, ya que cuando uno lo revisita lo hace desde un presente que inevitablemente modifica la mirada respecto a lo mirado.
En mi caso, esa liberación de alguna manera también se llevó a cabo de forma literal. En las primeras aproximaciones a las imágenes del álbum miraba de cera y extraía imágenes dentro de las imágenes con mi teléfono celular. Esas extracciones resignificaban las imágenes del tiempo en el que fueron tomadas, inscribiéndolas en el presente desde el cual lo hacía.
P.D.F.: Has trabajado mucho con cine experimental a lo largo de tu carrera. ¿De qué forma esta aproximación al cine te ha influenciado en la forma como has editado, dieñado y secuenciado el libro?
J.A.: Supongo que el mayor referente para mi es el cine experimental, un cine que amplía los límites del lenguaje convencional. Me interesa mucho las posibilidades de la imagen y del relato. Durante el proceso de realización del libro hubo un punto de inflexión en el que entendí que no quería contar una historia y esto fue decisivo porque en el momento en que me liberé de la idea de relato, pude experimentar con el formato y desprenderme de la necesidad de construir algo secuencial, lineal y ordenado.
P.D.F.: ¿Qué películas de cine experimental te han influenciado y quisieras recomendarnos?
J.A.: Las películas de Jonas Mekas han marcado un punto de inflexión en mi manera de entender la imagen. Sus películas proponen una forma de representar el mundo que me conmueve profundamente.
Libro
https://www.fuegobooks.com/product/el-juego-de-la-madalena-julieta-averbuj
Otras publicaciones
- Julieta Averbuj, El juego de la magdalena, ASX, 2022
- Julieta Averbuj, El juego de la magdalena, LF Magazine, 2022
- Julieta Averbuj, El Observatorio, 2022
- Julieta Averbuj, Fotografías para resistir al olvido, El País, 2023
- Julieta Averbuj, El Juego de la madalena, Josef Chladek, 2022
- Julieta Averbuj, El juego de la madalena, CPH Mag, 2022
- Fabien Ribery, L’amniotique de la mémoire, 2022
Biografía
Julieta Averbuj es una artista visual y comisaria española nacida en Barcelona en 1986. Graduada en 2014 en Dirección de Cine en la Universidad de Cine de Buenos Aires (FUC), dirigió la programación de la sección experimental del Festival de Cine de Lima (Perú), y fue jurado en la primera edición de Fronteira: International Documentary & Experimental Film Festival en Goiania, Brasil.
Su carrera artística se ha enfocado en la exploración de temáticas como la construcción de la memoria, la degradación del tiempo y el miedo al olvido. En 2022, logró un importante hito con la publicación de su primer fotolibro titulado El juego de la madalena, el cual contó con el respaldo editorial de Fuego Books y Cuadernos de Kursala. Este trabajo ha sido seleccionado por PHotoEspaña como candidato al Premio al Mejor Libro de Fotografía del Año, reconocimiento que destaca su notable calidad artística y conceptual.
Su obra ha sido presentada en instituciones y festivales, entre los que destacan la Sala Kursala (Cádiz), el Festival Lumínic (Sant Cugat), el 8º Festival Mirades (Gerona) y Les Boutographies (Montpellier). En los últimos años ha trabajado como programadora cultural en imaginCafé, espacio cultural privado en el centro de Barcelona y recientemente se ha incorporado como coordinadora de producción en la prestigiosa editorial iberoamericana RM.







































