Filippo Barbero, Borderland. Witty Books, 2025

“El proyecto Borderland de Filippo Barbero es una investigación sobre el paisaje, centrada en un pequeño pueblo de los Apeninos Tosco-Emilianos, que se difumina con la vida íntima del autor de manera poética y conmovedora. Su mirada se detiene en los momentos intersticiales del lugar, evocando detalles del pasado y sugiriendo posibles mensajes para el futuro. En esta danza entre lo vivido y lo que está por venir, la tierra se convierte en vehículo de memorias reelaboradas y de nuevas posibilidades por descubrir.”

Giada De Agostinis

Borderland de Filippo Barbero es un fotolibro publicado por Witty Books en 2025 que encarna una investigación íntima sobre el paisaje y la memoria, desarrollada en un pequeño pueblo rural de los Apeninos Tosco-Emilianos donde el fotógrafo creció desde la infancia. Allí, entre la quietud de la naturaleza y la luz del sol, Barbero encontró refugio en la casa de sus abuelos, sintiendo el amor profundo que emanaba de ellos y de la tierra que los rodeaba.
“Aquellas colinas silenciosas donde me sentía libre para expresarme. Para mí, todo tiene un límite, y es esa dimensión de indefinición la que me impulsa a una búsqueda incansable de las huellas de un tiempo que no he vivido lo suficiente o que he vivido demasiado”, confiesa el autor. En ese territorio suspendido entre realidad y evocación, su pasado se mezcla con el presente y sugiere los pasos del futuro.
El proyecto, editado por Tommaso Parrillo y acompañado por un texto de Aaron Schuman, se convierte en una meditación sobre la pertenencia, el paso del tiempo y la persistencia de los afectos. Barbero reconstruye una existencia a partir de fragmentos —la familia, el crecimiento, el sentido de hogar— y convierte el paisaje en un espejo de esa memoria en movimiento.
En Borderland, el fotógrafo no busca celebrar ni documentar, sino redimir: mirar de nuevo aquello que lo formó, reinterpretar los lazos invisibles entre el ser y la tierra, entre la pérdida y el reencuentro. En sus imágenes, la frontera no es una línea de separación, sino un espacio de tránsito donde la vida, el recuerdo y la imaginación se confunden.
Punto de Fuga se acercó a Filippo Barbero para desentrañar el proceso de gestación de este libro, comprendiendo cómo la experiencia íntima de un lugar familiar se transforma, a través de la fotografía, en un acto poético de reconciliación con el tiempo y la memoria.

Entrevista


P.D.F.: Filippo, quisiera comenzar este recorrido por tu fotolibro Borderland preguntándote por los Apeninos Tosco-Emilianos. ¿Cuál es tu vínculo personal con ese paisaje y cómo decidiste registrarlo con tu cámara?

F.B.: Mi conexión con este pequeño pueblo, de unos cien habitantes, es muy fuerte y profunda. Mis abuelos tenían allí una casa, y desde niño mi madre me llevaba con ellos (recuerdo que siempre me contaba que mi primer baño fue en una palangana allí). Decidí explorar y narrar este vínculo con el paisaje porque lo veo como un terreno fértil, lleno de valores y situaciones que pueden inspirar al espectador a conectar con los temas que busco abordar. El pueblo es diminuto, un lugar donde el tiempo y el espacio parecen suspendidos, donde todo permanece igual —y es precisamente esa sensación la que me impulsó a observarlo más de cerca y apreciarlo con mayor profundidad. Siempre que tengo algo de tiempo libre regreso al pueblo y paso tiempo con el lugar mismo, con las personas y los animales que lo habitan. Esa relación es muy importante para mí, porque cada vez que vuelvo siento que regreso al pasado, y al mismo tiempo todo se vuelve más claro y transparente.

P.D.F.: En el texto introductorio a tu obra mencionas que este lugar te recuerda la casa de tus abuelos, los momentos especiales que viviste con ellos y el entorno familiar que se percibía allí. Cuéntame más sobre esa conexión con las personas que retrataste y cómo ese entorno influyó en tu manera de representar a tu familia.

F.B.: Exactamente. Como decía, el hilo conductor que me une a esta realidad de frontera son mis abuelos. Las personas retratadas no pertenecen a mi familia (salvo un retrato de mi madre que aparece en cierto punto del libro). Aunque el trabajo está dedicado a mis abuelos —y todo comenzó gracias a ellos—, nunca aparecen en el libro ni en ninguna de mis fotografías. Nunca los fotografié. Puede parecer extraño, pero al principio empecé este proyecto con una intención más documental, centrada en la cultura rural de la zona. Sin embargo, después de un par de años me di cuenta de que me sentía demasiado distante de lo que estaba haciendo. Yo formaba parte de ese mundo; no podía representarlo con objetividad ni distancia racional. Con el tiempo, el proyecto evolucionó hacia algo más íntimo, introspectivo y estratificado, donde la memoria, los sueños y los recuerdos personales adquirieron un papel esencial en la dirección de la obra. Las personas que aparecen en las fotografías me son familiares —crecí con ellas—, pero no son miembros de mi familia.

P.D.F.: Me interesa saber más sobre tu colaboración con Witty Books. ¿Cómo comenzó este proceso, qué tipo de conversaciones tuvieron y cómo nació el libro?

F.B.: Como te contaba, trabajar con Witty Books fue muy importante y surgió de manera natural. Todo fluyó con una energía positiva y sin fricciones, con los compromisos necesarios de ambas partes. Hubo una colaboración plena y un diálogo abierto sobre cada aspecto del proyecto, siempre de forma orgánica y sin forzar nada. Simplemente envié a Tommaso un PDF con la presentación del proyecto, y tres días después me respondió diciendo que le gustaba mucho. Concertamos una llamada y enseguida conectamos; estábamos en la misma sintonía. Todo comenzó y se desarrolló de una forma muy fluida y sencilla.

P.D.F.: Me gustaría profundizar un poco más en la vida familiar, para entender cómo este libro describe parte de lo que has vivido. ¿Podrías compartir alguna anécdota de tu vida cotidiana durante tus estancias en los Apeninos?

F.B.: Diría que tengo pocas anécdotas, quizá ninguna. Todo en ese lugar resulta tan cotidiano, tan profundamente arraigado a lo repetitivo, que no me viene a la mente ninguna historia particular más significativa que lo que las propias imágenes ya expresan.

P.D.F.: Hay suavidad y poesía en las imágenes, pero también se perciben en el diseño: el color de la cubierta, el retrato impreso sobre la tela y la elección de un papel cálido y una impresión que confiere una textura particular al blanco y negro. ¿Quién tomó esas decisiones y cómo se integraron contenido y forma en el libro? ¿Tuviste alguna influencia específica en su formato general?

F.B.: Sí, hay una fuerte coherencia entre el diseño del libro y su contenido. Creo que esa es la aspiración de todo autor, editor y diseñador cuando trabajan en un fotolibro: garantizar una relación orgánica y consistente entre el diseño y la dirección visual del trabajo. Este libro fue realmente un esfuerzo colectivo. Todas las decisiones se tomaron de manera conjunta, trabajando siempre en sinergia, sin imposiciones de ningún lado. Eso nos permitió seguir una visión compartida y respetuosa con la naturaleza del proyecto. Trabajamos muy bien en equipo y todos quedamos muy satisfechos con el resultado final, disfrutando además de todo el proceso.

P.D.F.: ¿Podrías contarnos un poco más sobre el aporte creativo de Tommaso Parrillo?

F.B.: Tommaso tiene una sensibilidad fotográfica maravillosa; de otro modo no habría alcanzado el nivel en el que está. Desde el punto de vista creativo, su contribución fue fundamental. Desde el principio establecimos un diálogo muy cercano. Al inicio, el trabajo se centró principalmente entre él y yo, enfocado en la edición y la secuencia. Más adelante se incorporó Ilaria Miotto para el diseño gráfico. Tommaso quería que la parte gráfica no influyera en el trabajo previo, y estuve completamente de acuerdo con esa decisión.

P.D.F.: En la mayoría de los casos, las imágenes reunidas establecen un ritmo y crean un ambiente. En este libro sentimos que el tiempo transcurre lentamente, y que el lector puede pasar las páginas sin prisa. Cuéntame más sobre la secuencia, la narrativa que establece y el ritmo que genera.

F.B.: Sí, es una buena observación: así como el tiempo fluye lentamente en ese lugar, también debía hacerlo en el libro. Una vez más, se trata de coherencia y unidad orgánica. Logramos trasladar esa lentitud a la secuencia. Trabajamos en esa dirección, especialmente con Tommaso, al seleccionar y ordenar las imágenes, eligiendo las dobles páginas y decidiendo no incluir algunas fotografías que podrían desviar al lector o romper el ritmo pausado, salvo en el centro del libro, donde ocurre algo…

P.D.F.: Normalmente no se pregunta a los fotógrafos sobre su percepción del fotolibro como forma de publicación, pero me gustaría saber qué aporta el libro a tu obra y por qué consideras importante publicar un fotolibro hoy.

F.B.: El fotolibro me permitió consolidar un proceso creativo y conceptual que había comenzado años atrás. Desde las primeras imágenes que tomé, ya soñaba con hacer un libro algún día, porque consideraba esta forma como la más adecuada para compartir el trabajo. Por supuesto, antes del libro hubo muchas oportunidades de mostrar el proyecto en exposiciones y festivales, pero faltaba la forma que siempre consideré esencial para su cierre: el libro.
Creo que es importante que todo fotógrafo publique al menos un libro. Representa una especie de manifiesto, una carta de presentación, un reconocimiento oficial a un trabajo sostenido durante años. No todos los proyectos deben tomar esta forma —muchos funcionan bien como exposición—, pero cuando la obra lo permite y existe la intención, creo que es un paso fundamental en la carrera de un fotógrafo.

P.D.F.: Cuando buscamos la definición de Borderland, encontramos dos sentidos: una zona de solapamiento entre dos realidades o un territorio limítrofe entre países o regiones. ¿Cuál es el verdadero significado de Borderland en tu obra?

F.B.: Tienes razón. El título tiene un sentido abierto y deliberadamente ambiguo, porque puede aludir a distintos tipos de fronteras: territoriales, mentales, generacionales o vitales. Aunque el pueblo existe realmente (entre Toscana y Emilia-Romaña), mis imágenes no contienen una definición temporal o espacial precisa. Toda mi fotografía tiende hacia una abstracción espacial y temporal, porque creo que es la forma más interesante de llegar al núcleo de las cosas y ofrecer un terreno fértil para explorar los temas que me importan, sin distracciones de contexto o localización. También me interesa que el espectador pueda identificarse, como si hubiera vivido esas experiencias, reconociéndose aunque sea en un fragmento de la secuencia, o sintiendo cómo una fotografía puede despertar sus sentidos y devolverlo a una memoria antigua y profunda.

P.D.F.: En este libro, el texto de Aaron Schuman dialoga con las imágenes. ¿Qué aporta su texto y cómo se relaciona con la obra visual?

F.B.: Aaron me ayudó mucho en la evolución del proyecto; me orientó incluso durante la fase de edición, cuando preparaba el PDF para presentárselo a Tommaso. Su apoyo fue invaluable, y por eso me pareció la persona más coherente para escribir el texto. No te diré qué dice el texto —así tendrás que leerlo—, pero puedo decirte que encaja perfectamente con las imágenes. Ahora que existe, parece que no podría haber uno sin el otro. Cuando lo leí por primera vez, me emocioné. Tocó fibras muy profundas; fue como revivir en unos minutos todo lo que había sentido y experimentado en ese lugar.

P.D.F.: Finalmente, ¿qué significa para ti la frase “todas las cosas que han existido tienden a recrearse”?

F.B.: Es una cita de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, concretamente del primer volumen, Por el camino de Swann. Encajaba perfectamente con el tono y la intención de mi proyecto: la naturaleza cíclica de la vida y el paso del tiempo, la memoria y su resurgir, como si todo fluyera en una corriente de conciencia que comienza con el regreso a un lugar familiar. Todo esto está en el corazón de Borderland.

Web
https://filippobarbero.com/books/borderland

Biografía

Filippo Barbero (Montecchio Emilia, 1992, Italia) es un fotógrafo radicado en Florencia, representado por el agente estadounidense Charles Guice. Tras formarse en Derecho, comenzó a estudiar fotografía de manera autodidacta en 2017 para dedicarse plenamente a esta disciplina. Su trabajo combina la fotografía como medio de exploración del tiempo, la memoria y el subconsciente, buscando cómo influyen en la conciencia humana. La memoria es su principal herramienta y fuente inagotable de inspiración. Su práctica abre puertas al pasado al tiempo que permite mirar el presente y el futuro.
Su investigación suele enraizarse en comunidades —especialmente rurales— donde el tiempo parece suspendido y el ser humano se conecta con lo esencial: el ritmo de la naturaleza, el crecimiento personal y el sentido de familia. Estas condiciones generan una profunda conciencia y respeto hacia los otros seres vivos.
Desde 2022, su obra ha sido expuesta en museos, galerías e instituciones de Italia y del extranjero, entre ellos Filter Photo (Chicago), La Kunsthalle Mulhouse (Biennale Photo Mulhouse y PEP), Paratissima Art Gallery / Liquida Photo Festival (Turín), Ogden Museum / PhotoNOLA Festival (Nueva Orleans), Fonderia 20.9 Art Gallery (Verona), Pinakothek der Moderne y ZIRKA Space (Múnich), 254Forest Art Space (Bruselas), Haute Photographie (Róterdam y Ámsterdam), BASE Milano / PhotoVogue Festival, y Verzasca Photo Festival (Suiza).
Su trabajo ha sido publicado en medios nacionales e internacionales como The New Yorker, Vogue Italia, Der Greif, PhMuseum, Dear Dave Mag, C41 Magazine, Photo Vogue, The Greatest Magazine, Nowhere Diary, WITNESS, Urbanautica Institute, GUP Magazine, entre muchos otros.