Paola Guzmán Figueroa, Espacio, tiempo, PUNTO DE FUGA BOGOTA, 2026

“El espacio es una duda: continuamente necesito marcarlo, designarlo; nunca es mío, nunca me es dado, tengo que conquistarlo.”Georges Perec, Especies de espacios, Montesinos, 2001

Hay gestos que parecen mínimos: cortar un mechón de pelo, sostener la cámara frente a la madre, trenzar en silencio mientras alguien recuerda. Pero en la obra de Paola Guzmán Figueroa esos gestos son otra cosa: son documentos, son rituales, son pruebas de que el tiempo no pasa en línea recta sino en espiral. Desde 2013 vive en Finlandia. Antes —y todavía— está Colombia. Entre esos dos puntos no hay solo kilómetros: hay llamadas grabadas, conversaciones con la abuela, cabellos que viajan de una generación a otra, rollos de cine analógico que registran lo que podría perderse. En el trabajo de esta artista visual y cineasta experimental colombiana, la migración no es un tema: es una materia. Algo que se toca, se filma, se corta, se guarda. Bajo el título Espacio, tiempo, esta conversación recorre una obra que no se deja fijar en un solo formato. Cine analógico, performance, fotografía, dibujo, intervenciones con su propio pelo: cada soporte es una forma distinta de insistir en la misma pregunta. ¿Dónde se aloja la memoria? ¿En qué parte del cuerpo se guarda la herencia? Lo impreso, aquí, no es un resultado sino un pliegue más del proceso: una manera de desplegar en papel aquello que nació como imagen en movimiento, como gesto efímero, como acción.

A lo largo de su trayectoria, Paola ha ido construyendo un archivo vivo. No uno que se ordena en carpetas, sino uno que respira. Cada acción —filmar a su madre, dibujar el movimiento de unas manos, trenzar el cabello que une a varias generaciones— funciona como un puente entre pasado y presente, entre el país que se dejó atrás y el país que ahora se habita. Colombia y Finlandia no aparecen como extremos opuestos, sino como territorios que se superponen en el cuerpo. En ese intervalo entre una obra y otra, entre un viaje y otro, los formatos se contaminan. La fotografía registra a cuatro generaciones entrelazadas y detiene momentos de cuidado; el cine analógico representa a esas mujeres del árbol genealógico familiar en una suerte de tránsito; el dibujo y la animación descomponen los gestos familiares hasta volver visible la persistencia del lazo materno. Lo que emerge en la obra de Paola es una certeza inquietante: migrar no es solo desplazarse, es aprender a sostener los recuerdos para que no se deshilachen. Esta entrevista es una entrada a ese frágil tejido; una conversación sobre cómo el cuerpo puede volverse territorio, cómo la memoria puede convertirse en performance y cómo el arte, cuando se atreve a tocar lo íntimo, logra narrar no solo un desplazamiento geográfico, sino la forma en que una familia se aferra a sí misma para no olvidar de dónde venimos.

Entrevista

Laura Carbonell: Gracias Paola por darme la oportunidad de conocer más a fondo tu trabajo. Empecemos por este recorrido que vamos a hacer por toda tu obra. En uno de tus primeros trabajos artísticos en Finlandia, Minun kielta / Mi lengua, hablas de tus primeros momentos en Finlandia cuando te propusiste recoger palabras en finés que lograbas entender de un artículo de prensa que hablaba sobre la condición de los refugiados. Me interesa mucho saber cómo un proceso tan pequeño y cotidiano como el de escuchar y aprender palabras se convirtió en arte. ¿Cómo fue esa experiencia de apropiación del lenguaje y de qué manera sentiste que el performance y el registro en video ayudaban a mostrar tu identidad migrante mientras te integrabas a un nuevo país?

Paola Guzmán Figueroa: Muchas gracias Laura, por la invitación y por el interés en mi trabajo. Para esta obra, el punto de partida fue el uso del periódico nacional. La idea era crear una pieza con el periódico Helsingin Sanomat del día en que lo recibí. En ese momento llevaba dos años viviendo en Finlandia; en ese entonces había empezado a aprender finés y podía entender algunas palabras y frases, pero todavía no lograba comprender el contexto completo. Pensé en usarlo como una ventana de reflexión sobre cómo puede sentirse una persona extranjera en un país cuando no habla la lengua nativa, al enfrentarse a algo tan importante como un periódico nacional, donde se informa sobre la actualidad. Decidí escoger precisamente un artículo del que lograba entender parte del título, recuerdo que comenzaba con “suomen kielta”, lo cual sabía que estaba relacionado con la lengua finlandesa. Entonces decidí leerlo y escoger solo las palabras que lograba entender, y al mismo tiempo filmarme y hablar únicamente a través de esas palabras que podía entender.

Laura Carbonell: Hablando un poco más del formato, en Mi lengua combinas performance, video y archivo. Me pregunto, ¿por qué era importante usar estos formatos juntos para este proyecto? ¿Qué te permitió hacer el performance que no podían darte la cámara o el registro de las palabras?

Paola Guzmán Figueroa: Para mí fue muy importante ser parte de la obra no solo con mi voz, sino también con mi rostro. Quería transmitir a la audiencia, al ver el video, un poco la idea de las “ventanas” en los periódicos: muchas veces nos guiamos por las imágenes cuando no entendemos lo que dicen los textos. En este caso, como persona extranjera, no entendía las palabras, solo veía las imágenes y me orientaba a través de ellas. Por eso era importante para mí usar esos recuadros como ventanas de expresión. Utilicé el mismo diagrama del periódico y reemplacé las imágenes por videos míos en los que me filmo a mí misma hablándole directamente a la cámara, usando las palabras que aparecen en el periódico y también algunas que suenan parecidas a mi lengua, el español.

Laura Carbonell: Recuerdo que me contaste que al llegar a Finlandia te cortaste el pelo, un gesto muy íntimo que luego se convirtió en materia de tus obras. ¿Qué significado tuvo para ti ese corte inicial y cómo decidiste que ese gesto tan personal se convirtiera en un material artístico que pudiera viajar con tu historia?

Paola Guzmán Figueroa: Cuando llegué a Finlandia tenía 21 años; era la primera vez que vivía fuera de Colombia y también la primera vez que vivía sin mis padres. Cortarme el pelo fue casi como un cambio radical, muy parecido al cambio que estaba haciendo en mi vida al mudarme a un país tan distinto, como el inicio de una nueva etapa. Tuve la idea de guardarlo; sentí la necesidad de tenerlo conmigo en el momento en que la chica de la peluquería lo cortó. Fue casi como aceptar que estaba comenzando un episodio diferente en mi vida, pero también conservar ese pasado que había llegado conmigo. Unos meses después de haberlo guardado, decidí sacarlo y empezar a usarlo como material de experimentación en mi trabajo de videoarte.

Laura Carbonell: Luego transformaste tu pelo en un objeto que dialogaba con tu familia, filmando el acuario que dejaste en Colombia y que tus padres cuidaban. Al principio el cuidado de ese acuario debió ser como un ritual para no olvidarte pero con el tiempo este acuario se volvió parte de la vida familiar. ¿Cómo fue filmar ese proceso? ¿Qué emociones aparecieron al ver cómo el cuidado de tus padres mantenía viva esa pequeña parte de ti a la distancia?

Paola Guzmán Figueroa: En mi primer año en Finlandia tuve la oportunidad de regresar a Colombia de visita. Cuando volví, noté que mis papás tenían los cuartos de mis hermanos y el mío casi intactos; aún estaban nuestras cosas. Pero lo que más me llamó la atención fue el acuario de peces que había en la casa. Me di cuenta de que esta vez el acuario tenía más peces que antes, había una transformación. Mi papá estaba muy concentrado en mantener el acuario con más vida, y mi mamá también. Inmediatamente supe y sentí que ese acuario era una forma de expresar nuestra separación, y una manera de trasladar los sentimientos de cuidado que antes tenían hacia nosotros, ahora hacia los peces. Sentí la necesidad de retratarlo con mis cámaras de video y, al mismo tiempo, preguntarle a mis papás cómo había sido el proceso de cuidar el acuario mientras yo ya no vivía en casa. Recuerdo también en esa época que encontré en un texto un término que me llamó mucho la atención: objetos transnacionales, que son aquellos objetos que nos transportan y nos hacen sentir que estamos cerca de los seres queridos que extrañamos. Este acuario se convirtió precisamente en ese objeto transnacional.

Laura Carbonell: El acuario que cuidaban tus papás dió paso a una obra performática. Ese objeto se convirtió en un dispositivo central en tus instalaciones: agua, pelo, movimiento, aire. Me interesa saber cómo fue desarrollándose este proyecto a lo largo del tiempo y cómo fue mutando de un gesto íntimo a performances e instalaciones más complejas. ¿Cómo fue ese proceso de expansión y transformación?

Paola Guzmán Figueroa: Llegar a este proceso se dio a través del seguimiento del acuario que tenía en mi casa en Colombia. Lo del cabello también surgió a partir de un hecho cotidiano, que no planeé, ocurrió de una forma muy natural y orgánica. Cuando empecé a observar cómo el cabello “tomaba vida” al entrar en el agua, noté como de repente, el cabello empezó a tener movimiento propio y a la vez tener vida, empezó a narrar una historia sin decir exactamente de qué se trataba. Ahí sentí que estos gestos íntimos podían transformarse en algo más amplio, en acciones performativas y luego en instalaciones que siguen creciendo y mutando con el tiempo.

Laura Carbonell: Aunque el pelo es un material inerte, en tus obras parece cobrar vida dentro del agua, con el movimiento del aire o del motor. ¿Qué buscas expresar con esta vitalidad aparente, sobre todo en relación con la migración, la memoria y los recuerdos de Colombia?

Paola Guzmán Figueroa: El cabello es un material de mucho interés en mi obra; con cada año que pasa le he ido encontrando más y más significados. Lo he usado como símbolo de unión, de protección y también como una conexión con mis generaciones pasadas, como mi madre y mi abuela. En uno de mis films, titulado “Mamita, dile algo a la cámara, mami!”, hablo de la llamada “línea negra” que aparece en las mujeres durante el embarazo. En el film muestro el vientre de mi hermana cuando está embarazada de su primer hijo. Con él, explico que la línea que recorre el vientre de la madre hasta el ombligo aparece por un cambio hormonal y funciona como un conducto visual que facilita que el bebé pueda orientarse hacia la lactancia. Esta línea actúa como un camino, una dirección desde el vientre de la madre hacia el pezón, para que el bebé pueda encontrar su centro de alimentación y de vida. En este caso, hago una relación cercana entre el cabello y la línea negra, utilizando imágenes mías con el acuario y mi cabello como un puente que conecta estas dos.

Laura Carbonell: En varias de tus piezas el pelo funciona como una línea de tiempo, como en la fotografía analógica que hiciste con tu padre mientras instalaban el acuario. Me interesa mucho cómo lograste hacer que un gesto tan simple como el pelo sobre una mesa rodante pudiera evocar el paso del tiempo, la memoria y la relación familiar. ¿Cómo trabajaste esa conexión entre tiempo, cuerpo y memoria en la obra?

Paola Guzmán Figueroa: Esta fotografía con mi padre ocurrió mientras preparábamos mi performance “Viaje en el tiempo” y él me estaba ayudando a instalar el acuario. En este performance, mi idea era transportar un acuario con mi cabello por las calles del barrio donde mis papás y yo vivíamos en Bogotá. Tenía como propósito transportar el acuario con mi cabello inerte pero, a la vez, vivo, ya que “nadaba” con la ayuda de un motor. Con el paso del tiempo, empecé a notar cómo este cabello ya no representaba solo el cabello en sí, sino que se convertía más en una criatura y en un gesto. En la foto en la que estoy con mi padre, él está explicándome cómo podía usar una manguera para sacar el agua del acuario.

Laura Carbonell: En tu película en 16 mm “mamita dile algo a la cámara, mami” que mencionaste previamente, exploras la migración de tu familia a Venezuela y el regreso, mostrando cuatro generaciones de mujeres. ¿Cómo fue para ti filmar estos relatos tan íntimos y entrelazar la memoria personal con la historia familiar, y cómo influyó en tu manera de contar a través del cine analógico?

Paola Guzmán Figueroa: En esta película, para mí era importante mostrar tres momentos clave de mi vida en los que la mujer ha sido protagonista y ha marcado profundamente nuestra historia familiar. Uno de ellos fue el momento en que mi madre regresó a Colombia desde Venezuela con mis hermanos y conmigo, después de un viaje en el que creíamos que encontraríamos un futuro mejor. El segundo acto fue la graduación de mi mamá en la universidad; ese día yo tenía la cámara en mis manos, era el año 2001. Un momento que fue muy significativo para mí fue cuando entrevisté a mis familiares y les pedí que le enviaran un mensaje de felicitación a mi mamá. El tercer acto, que cierra la película, es el ritual entre mi nanita-abuela y mi hermana embarazada: mi nanita hace un baño de hojas de breva para recibir al primer miembro de la cuarta generación de la familia. El momento del ritual con las hierbas fue muy importante filmarlo en cinta analógica (Super 8 mm). Quería crear una relación entre ese acto de repetición del ritual que mi abuela hacía con mi hermana y el acto que yo realizaba con el film al revelarlo con líquidos, en este caso con caffenol, una técnica de revelado en la que se utilizan plantas.

Laura Carbonell: En Trenzando Futuro hay escenas de trenzado de cabello entre generaciones. Ese gesto es tan simple y a la vez tan profundo. ¿Qué significado tiene para ti trenzar el cabello como símbolo de unión y de la transmisión de la memoria materna entre generaciones?

Paola Guzmán Figueroa: En Trenzando Futuro, el trenzado fue un acto de celebración: el nacimiento de la cuarta generación de mujeres en la familia y, a la vez, el reencuentro de toda la familia tras muchos años de separación. Para mí era importante tener un gesto entre nosotras, en el cual pudiéramos construir algo con nuestras manos y dejar una huella en nosotras mismas. El acto de trenzar el cabello se convirtió en algo ritualístico; al mismo tiempo, cantábamos canciones a la más pequeña de las generaciones, Catalina. Hubo algo muy bonito en la composición del performance: yo quería que nos pusiéramos una detrás de la otra formando una hilera. Mi Nanita, mi abuela, era la primera, como primera generación; seguida por mi madre, como segunda generación; luego mi hermana y yo, como tercera generación; y al final Catalina, como cuarta generación. Mi Nanita comenzaba la hilera con su cabello corto y Catalina la terminaba. La primera y la cuarta generación quedaban así conectadas a través de la forma, del comienzo y del final; se sentía como un acto y, a la vez, como un ciclo.

Algo que también fue importante en el proceso de Trenzando Futuro fue que mi hermano, el padre de Catalina, la cuarta generación, filmó el performance. Yo quise darle la cámara a él para que nos filmara; era su primera vez usando una cámara Bolex, pero siguió mis instrucciones y el resultado fue precioso. Trabajar con la familia, incluso en la creación y producción de la imagen, es una acción fundamental para mí y para mis obras.

Laura Carbonell: Quisiera que habláramos de la fotografía que me mostraste donde aparecen cuatro personas sosteniendo el pelo que te cortaste al llegar a Finlandia. En esa fotografía incluyes a unos niños de las veredas donde viven tus padres. Me parece que ahí confluyen territorios, generaciones y tiempos. ¿Cómo concebiste esta imagen y qué querías transmitir sobre pertenencia, familia y conexión con tu país de origen?

Paola Guzmán Figueroa: Este momento retrata cuando mi madre regresa a Colombia desde Venezuela con mis dos hermanos y conmigo. Para mí ha sido un momento muy importante. Yo lo viví, pero tenía solo un año cuando migramos a Venezuela. Mi madre siempre nos ha contado la historia de cómo lo vivió ella y de cómo el regreso de Venezuela a Colombia fue un trayecto de mucha lucha, ya que viajaba de vuelta a Bogotá con mis dos hermanos y conmigo sola.

Para mí era difícil mostrarlo exactamente como mi madre lo narraba, pero sí quería intentar retratar de alguna forma el sentimiento. Aquí también usé mi cabello como una línea de conexión. En el relato que mi madre cuenta, ella dice que mis hermanitos tenían cinco y tres años, y que los dos estaban atados a sus muñecas con unos cablecitos de colores; yo, con un año, estaba atada a su pecho. Retratar esta escena era muy importante para mí, así que quise recrearla con dos niños de las mismas edades, con mi madre y conmigo también. Nos atamos las muñecas con mi cabello. Lo filmamos todo en familia y con vecinos de la vereda. La cámara la usó el hermanito de Erik, el niño que hacía el papel de mi hermano. Para mí, el cine también es un gesto de familia: la cámara no debo tenerla solo yo ni ningún tipo de “cinematógrafo”. Es importante que todas y todos en la familia tengamos la oportunidad de retratar con la cámara. El uso del cine analógico le dio aún más sentido al proceso, ya que lo que hicimos fue casi un acto performático en sí mismo, algo que se vivió en el momento y entre todos. Además, es una imagen de la que no puedes estar cien por ciento segura de cómo va a salir. Hay un tiempo de espera al revelar y descubrir cómo funcionó la escena, y esa sorpresa al verla fue muy gratificante.

Laura Carbonell: En Nanita para siempre, transformaste conversaciones con tu abuela en animación y dibujo, descomponiendo el movimiento en más de mil dibujos. ¿Cómo fue ese proceso de convertir memoria y afecto en animación, y qué aprendiste sobre el diálogo familiar y la transmisión de gestos y palabras a través del arte?

Paola Guzmán Figueroa: Desde que me fui de Colombia, cada vez que he regresado de visita he filmado a mi familia; a mi Nanita la he filmado en varias ocasiones. Con ella ha empezado a existir también una conexión especial a través de la cámara: es bastante natural cuando la filmo, algo que no siempre sucede con mis padres o mis hermanos.  Cuando empecé a revisar el material que había realizado en uno de mis viajes, noté que había varias tomas en las que los gestos hablaban por sí mismos. Uno de esos momentos era cuando se limpiaba la cara con crema Pond’s mientras me contaba de una crema llamada Cilka, que usaba para las pestañas y las cejas. Decidí entonces dibujar esos gestos que, en el material de video, duraban dos o tres minutos, y que en la animación pasaban a durar entre veinte y treinta segundos. Utilicé la técnica de rotoscopia: dibujaba a mano con lápiz cada cuadro, y cada uno me tomaba aproximadamente entre ocho y diez minutos.

Hacer estos dibujos era casi como estar con ella. Dibujarla, trazar cada una de las líneas de su rostro, era una forma de recordarla y de pasar tiempo con ella. Al mostrar la animación, yo sabía que no se trataba sólo de presentar el resultado, sino también de mostrar el proceso: los más de mil dibujos evidenciaban un tiempo en sí mismo, representaban una presencia en el espacio. Esta obra se expuso por primera vez en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá, en el Salón Débora Arango, una sala muy grande. Recuerdo que el director me preguntó si creía que iba a poder “llenar” la sala. Los más de mil dibujos llenaron el espacio. Mi Nanita pudo verse retratada y también ver la animación completa en proyección de video.

Laura Carbonell: Volviendo a tu película Trenzando futuro registras el encuentro de cuatro generaciones de mujeres de tu familia en Colombia. Me interesa mucho saber cómo dialoga esta película con tus trabajos anteriores sobre la materialidad y el significado del pelo, el desplazamiento que produce la migración y la noción del tiempo. ¿Qué nuevos sentidos aparecieron al filmar el futuro desde un gesto tan ancestral como la trenza, y cómo sentiste que esta obra cerraba o abría un ciclo en tu trabajo?

Paola Guzmán Figueroa: Llegar a esta obra fue algo muy gratificante en relación con todo lo que te he contado sobre mi recorrido artístico. El hecho de migrar a un país tan lejano y distinto a Colombia ha formado parte central de esta exploración; analizar mis orígenes y la conexión familiar se ha vuelto aún más presente a través de la distancia. Existe una reflexión importante sobre la familia y el género. En mi familia siempre han predominado las mujeres. Mi obra exalta el rol de mi abuela, que ahora es bisabuela y al tiempo refleja el matriarcado y la importancia de la mujer en la familia y en la sociedad. El análisis en torno a cómo se desarrolla una familia matriarcal abre nuevos horizontes y marca profundamente mi obra. Para mí, ha sido importante ver cómo, desde Finlandia, esta obra empieza a abrir un nuevo camino de diálogo, ya que estas temáticas en el arte finlandés no suelen estar tan conectadas con la familia y la migración.

Esta obra queda plasmada para la posteridad. Cada año que pasa adquiere más y más importancia: ver a mi Nanita con el paso de los años y acercarnos cada vez más a sus 90 años de vida, y al mismo tiempo ver cómo Catalina se acerca a sus 4 años, es algo muy significativo. Trenzando Futuro ha sido una suspensión del tiempo y del espacio en nuestra historia familiar, marcada por el género. Estoy feliz de poder dejar un legado para nuestra familia y sus futuras generaciones; de alguna manera, dejar una obra como esta es casi como dejar un libro compuesto por cartas y palabras de generaciones pasadas que nos hablan y que también hablarán a las generaciones futuras. Todo este proceso también ha ido abriendo nuevas direcciones en mi práctica. He estado desarrollando otros sentidos en torno al performance y al medio analógico: presentar las películas en modo de performance en vivo se ha convertido en un eje que estoy explorando activamente ahora. Al mismo tiempo, el cabello continúa marcando el tiempo dentro de mi obra, como lo ha venido haciendo desde mis primeras piezas y como seguirá haciéndolo en los procesos que estoy desarrollando y en los que vendrán.

Laura Carbonell: Extendemos al público lector una pregunta abierta sobre cómo publicar en un libro de artista este proceso que atraviesa el espacio y el tiempo de una manera tan peculiar, trayendo recuerdos de una familia colombiana de forma tan cercana y emotiva, tejiendo lazos entre generaciones y dejando rastros sobre el pelo cortado de la artista que aparece como un organismo vivo flotando en un acuario. Cómo hacer que el formato y las páginas de un libro se conviertan en la extensión de ese proceso creativo y se conviertan en un dispositivo performático, extendido, un catalizador de videos, fotografía, dibujos y palabras.

Biografías 

Paola Guzmán Figueroa (Bogotá, 1992, Colombia) es una artista visual y cineasta experimental colombiana, radicada en Finlandia desde 2013. Trabaja con cine analógico, fotografía y performance. Su obra explora la memoria intergeneracional, las narrativas feministas y los archivos encarnados, a partir de experiencias personales y colectivas para reflexionar sobre la identidad, el tránsito transcultural y el cuerpo como un sitio de memoria. Es licenciada y magíster por la Universidad de las Artes de Helsinki, y cuenta además con una licenciatura en Artes Visuales por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Su trabajo ha sido exhibido en numerosos espacios, entre ellos Penumbra Foundation en la ciudad de Nueva York (2025), Forum Box en Helsinki (2024), el Festival Internacional DocLisboa en Portugal (2023), el CICA Museum en Corea del Sur (2022) y el Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá (2022). Paola ha participado recientemente en residencias artísticas en LIFT, Toronto (2024/2025), Saari Residence en Finlandia (2023) y Residency Unlimited en Nueva York (2023).

Laura Carbonell (Bogotá, 1986, Colombia) es curadora e investigadora en temas de fotografía impresa. Sus exposiciones ponen en diálogo diversas disciplinas como el arte, la arquitectura y el diseño. Su último proyecto de exposición con una selección de 100 libros de fotografía latinoamericanos publicados entre 2020 y 2026 ha sido presentado en España, Polonia, Suiza, Argentina y Canadá. Actualmente colabora con LUR en una serie de diálogos en torno a estos libros latinoamericanos. Desde 2015 escribe ensayos y entrevistas para su plataforma de difusión Punto De Fuga Bogotá.