Patricia Bonilla & Santiago Rueda, Colombia color, PUNTO DE FUGA, 2021

“[…] El ejercicio de fotografiar y registrar un entorno, así como el auto-retrato fotográfico, son tradicionales al arte de Niepce y Daguerre. Luego de obtener los resultados, Patricia Bonilla revela en una lamina transparente, y entonces comienza un segundo procedimiento, que nada tiene que ver con la fotografía misma, aunque es preciso seguirla como mero dibujo, para enrutar los elementos que irán a iluminar su obra definitiva. Sería en consecuencia, una obra diferenciada » de iluminismo, un sistema emparentado con las vanguardias de este siglo desde Braque y Picasso, incluyendo el Dada.

El collage es el segundo paso para inventar situaciones cromáticas mediante la disposición de distintos impresos brillantes, opacos, lisos, estampados, controlando y elaborando un fondo que sin dejar de ser riguroso no abandona la dosis caprichosa. La mayor carga cromática esta relacionada con la iconografía popular, sus variaciones y recreaciones que ella vuelve arbitrarias; así ese realismo aparente, transformado mediante instalaciones, no deja de tener una atmósfera surreal.”

Miguel González, Patricia Bonilla más allá de la fotografía, Arte en Colombia, 2017

Este año hemos inventado un nuevo formato de entrevista. PUNTO DE FUGA ha retomado el diálogo con fotógrafos, buscando transmitir algo del lenguaje oral de estas conversaciones que se han hecho por medio de ZOOM. Es una forma de reflejar el tiempo de pandemia en el que vivimos.

Julio 15 del 2021

P.D.F.: Buenos días, los saludo desde PUNTO DE FUGA donde estamos haciendo esta conversación desde Bogotá. Hemos invitado a Santiago Rueda, curador de arte y autor de La fotografía en Colombia en la década los 70 entre otros títulos y a Patricia Bonilla, fotógrafa que se dio a conocer por series como El Colombia color, de la que vamos a hablar en este episodio. Santiago acaba de inaugurar una exposición de tres fotógrafas en la galería Espacio Continuo en Bogotá que se titula Bonilla/ Herrán/Vásquez/Fotografías.

S.R: Para mí es una ocasión muy especial porque hace tiempo quería tener esta conversación con las dos, y celebrar un día como hoy este encuentro con Patricia, de quién soy un gran admirador, a quien busqué por años a través de muchos medios y con quién nos conocimos el año pasado. Hemos venido conversando sobre su obra,  su vida y tenemos esta linda exposición colectiva donde participan también Mónika Herrán y Laura Vázquez en la galería Espacio Continuo. Ocasión para hacer este viaje en el tiempo y revisitar El Colombia color. Entremos en materia, haciendo un recuento de tu vida. ¿Cómo llegaste a la fotografía? pero un poco antes: ¿Cómo llegaste a la actuación? Porque tú empezaste como actriz antes de llegar a la fotografía.

P.B.: Comencé como actriz siendo muy joven. Me escapé del colegio, e inmediatamente entré al Teatro Estudio de la Universidad Nacional. Allí hice algunas obras de teatro que me encantaron. Por algún motivo u otro llegué a hacer televisión y estando en televisión tuve mi primer contacto con el cine.  Me casé con Luis Crump que en ese entonces era director de cine. En 1978, arrancando nuestro matrimonio, se hizo Cuartico Azul, el cortometraje en blanco y negro que cuenta la historia de una pareja de campesinos que llega recién casada a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades, dirigida por Luis. A la entrada a la ciudad son robados y se desencadena una insufrible vida sin empleo, alcoholismo y violencia familiar.

P.B.: La hicimos muy de corazón a corazón con Sebastián Ospina. Fue un momento muy bonito y todo eso fue reconocido por el público. Aunque la película fue hecha en blanco y negro, me dio tremenda oportunidad para comenzar a indagar en El Colombia color, que para mí simboliza la cultura popular colombiana, el medio maravilloso que nos está siempre haciendo una cunita para crear cosas importantes para nuestras vidas, nos da nuestra felicidad y nos muestra las cosas lindas que podemos nosotros como colombianos llevar por dentro.

En esa serie comienzo hacer autorretratos disfrazada. Quise reunir en una sola técnica, en un solo momento, todo cuánto era como actriz. En esas primeras fotografías era el personaje principal. En ese momento estaba enamorada de la fotografía en blanco y negro, un formato que era muy importante por la presencia de fotógrafos como Nereo López o Carlos Salamanca.  

Por otro lado, tenía un deseo de realizar cosas con tijeras y recortar pedacitos de papel de todo tipo, para llegar a realizar esta imagen intervenida con el Kodalith en blanco y negro (o negros y transparentes) y debajo de él, un collage. Por detrás de la imagen hay una serie de recortes, pedacitos de papel de color que le dan el color al blanco y negro.  Las dos cosas van juntas. Es un trabajo que me encantó hacer porque es creativo y reúne mi idea de poner en una sola cosa todo cuando soy, más el comentario de la cultura popular que siempre me ha apasionado.

P.D.F.: Muy interesante. Yo quería simplemente que nos explicaras qué es El Colombia color exactamente, cuéntanos un poquito más en detalle.

P.B.: El Colombia color es el nombre que le doy a esta búsqueda del color en el visual colombiano, bastante autóctono, loco muchas veces, improvisado y maravilloso. Lo ves en Colombia cuando sales por las carreteras: la manera en que son pintadas las casas, los ves en la forma en que muchas personas combinan sus colores para estar bellos, lo ves en las ventanas, inclusive en la forma como están dibujadas las cajas de los emboladores de zapatos. Son colores que funcionan muy bien el uno con el otro, sin tener ninguna mentalidad de diseñador ni nada por el estilo.  Para mi es más como una emoción.

S.R.: Dices en una entrevista que en un momento te invitaron a exponer y tú dijiste : “bueno, yo no sé dibujar, no sé pintar, entonces voy a usar esta técnica experimental que consiste en valerme del Kodalith para luego hacer un collage. Quisiera preguntarte entonces si desde el inicio tomas la decisión de incluir color: ¿cómo es este proceso?

P.D.F.: El texto de Miguel González habla de un trabajo de iluminación y de collage. Cuéntanos más sobre eso.

P.B.: Todo el proceso comienza con una fotografía en blanco y negro. Pero antes de la fotografía hay una búsqueda de un personaje y en qué sitio va a ser retratado. La primera fotografía es en blanco y negro que normalmente son autorretratos hechos con un trípode. Con ese material se organiza el Kodalith en el laboratorio.  En este caso, la foto es tomada cerca de la Macarena. Encontré esa locación perfecta para este personaje, entonces ahí ya comencé a buscar de qué manera lo voy a vestir y cómo lo voy a hacer.

S.R.: Patricia, esta es Ángela bajando la escalera. ¿Quién es Ángela?

P.B.: En esta fotografía vemos a Ángela, una prostituta que está bajando la escalera muy contenta. Ese día seguramente le va a ir bien cada de buena onda. Cada uno de estos personajes que interpreté en esta serie, tienen un cierto toque de humor y un cierto toque de romanticismo también. Cada uno de ellos lo hice con mucho respeto y gran amor por la cultura que estaba rodeando este lugar.  

En ese momento vivía en las Torres del parque y tenía un laboratorio en la casa. Las ampliaciones son más o menos de 60X40 cms, para obtener imágenes no demasiado grandes, pero suficientes para comenzar a realizar por debajo la búsqueda y encontrar los papeles de color.

P.D.F.: ¿Cómo uniste teatro, actuación, fotografía y técnicas experimentales en imágenes como esta?

Como ves ahí busqué el color apropiado para la puerta, para el fondo de la ventana, para el vestido de la mujer que baja por la escalera. Todos los recortes de papel funcionan unos en relación con otros. En este caso un papel que tiene un degradé, ves el amarillo se va hacia el rosado. Otras veces simplemente son pedacitos de recortes de papel de revista, papel de regalo, papeles de colores que me llamaron la atención. Así se va construyendo cada una, hasta que definitivamente digo: la imagen quedó completa.

Estas imágenes fueron expuestas enmarcadas con el acetato, que era el resultado del proceso de experimentación. De pronto es posible que estuviera una obra mejor debajo,  pero realmente fue solamente un momento que viví, y bueno, es lo que se está mostrando en el Espacio Continuo. 

En todo este tiempo llegué a producir alrededor de cien obras, que si las vuelvo a mirar y a desglosar, puede ser que escondan cosas muy interesantes. Cuando vuelvo a mirar en el archivo hay algunas obras que yo tengo acá que digo: ¡Caramba! Pienso que estoy lista para hacer un destape de las obras que tienen los coleccionistas, para mostrar ese proceso que hay detrás.

S.R.: Recuerdo haberte visto en televisión, aparecías en los seriados nacionales, muchos te recordamos por tu papel en la película de Luis Ospina Pura sangre, en el papel de una monja  enfermera, que aparece brevemente y que es muy tímida. Quisiera saber estos personajes que articulan narrativas. Me parece que son personajes muy irónicos. Siempre esa mujer que aparece en las fotos está ensimismada, y es siempre melancólica.

P.B.: Cada personaje fue brotando, fue fluyendo en el imaginario. Creo que es el entorno el que los crea muchas veces. Estando en Cartagena recibí una invitación para ir al barrio de Manga. Estando allí empiezo a pensar en un personaje que de pronto comienza a aparecer allí, en esas calles y deseo interpretarlo. Las casas de Manga son de comienzos del siglo XX, entonces empecé a pensar cómo vestir a este nuevo personaje con un cierto romanticismo, con una cierta nostalgia. Quise conseguir una mecedora y hacer todo la puesta en escena que ves aquí. Cada una de estas imágenes fue saliendo de manera muy espontánea. Muchos me vinieron como inspiración para interpretar el personaje.

PDF.: La postura crítica de Luis Ospina fue importante en el cine de esos años 70. Recuerdo una entrevista que le hicieron en Francia en 1978 en torno a su cortometraje Agarrando Pueblo, donde dice claramente que se opone al cine “miserabilista” que se hace en mundo. Volvamos a tu trabajo Patricia. Veo que hay una relación con el texto o la leyenda de cada imagen también. Tienes una forma muy particular de nombrar las imágenes, algo muy literario que apela a la acción del personaje y a la situación en la que de desenvuelve. Cuando dices: Ángela bajando la escalera, es casi como si intentaras ir más allá de la reiteración con respecto a la fotografía, es como una invitación a narrar. Quería saber si pensabas esos personajes de forma, o si esos nombres que les das a tus fotografías son solo formas de referirte al personaje de teatro y de cine, como títulos propios de ese mundo de actores.

P.B.: Este fue personaje que encarné, que me llamó para ser interpretado. Al empezar a imaginarlo me dije: ¡qué rico hacer ese personaje! y me di el permiso de hacerlo. Fui a conseguir el vestuario y lo intenté hasta que funcionó. Esto de crear personajes es como hacer realidad un sueño, en total libertad, sin esperar a que algún director me dijera algo. Existe un personaje así para mi, creado con un determinado libreto. Todo esto lo hice por mi cuenta.

S.R. : Hay una construcción narrativa que lleva a pensar en los escritores latinoamericanos. Incluso una de tus obras es la Cándida Eréndira que hace referencia a la novela corta de Garcia Marquez  La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada, en donde retratas a una mujer muy joven en el portal de una casa de Manga, en Cartagena. Se puede ver tu interés por la arquitectura y por una época muy precisa que uno podría tratar de situar alrededor de 1910, 1920 o 1930. Parece como si hubieses vivido en otra época y tus personajes la encarnaran. Veo también una nostalgia de los inicios del cine que has logrado asociar al color de los años 60 lisérgicos, psicodélicos, oníricos. Me llama mucho la atención la espontaneidad con la que se pueden reconocer esos referentes culturales,  que no son nada inocentes en tu obra.

P.D.F.: Cierto. En una conversación que tuve contigo Patricia, me mostraste otras imágenes de esta serie. En muchas de ellas había una clara referencia a esa imagen que menciona Santiago. Está esa conexión con la arquitectura de Cartagena que también viste en Cuba y esa referencia constante a la mujer prostituta. Estos son personajes recurrentes en esta serie. Me pareció que la retratas de una manera muy digna y te la representas muchas veces como una mujer pensativa, ensimismada y sensible. 

P.B.: Mi abuela me contaba que muchos arquitectos de Cartagena viajaban a Cuba para inspirarse de las casas tradicionales de estilo árabe que se construyeron allá.

S.R.: Está también Atardecer en manga. Y una diva del cine: “Monique”, ella está vistiendo esta malla, que es un collage, lo mismo que esta flor sobre el jarrón de la mesa. Hay también un juego del foco y el desenfoco en casi todas las imágenes.

P.B.: Este autorretrato fue un desnudo, realmente. El vestido fue hecho con un pedacito de tul y un recorte de una servilleta de papel que estaba usando. Hay un elemento realmente importante, la luz de la ventana. Estas fueron puras jugarretas realmente, me divertí mucho haciendo esas fotografías. Con cada personaje iban apareciendo personajes, sucesos y comentarios. Yo por supuesto los dejaba surgir en la imaginación.

P.D.F.: En algunas fotografías la mujer está en el primer plano y su mirada va enfocada hacia la cámara. Son mujeres desafiantes, mientras que en otras, el la mujer aparece lejos en la escena y su pose parece como ensimismada en sus pensamientos y en su melancolía, rodeada por la arquitectura que es como otro personaje más. Esas construcciones, esas fachadas de las casas en Bogotá y en Cartagena también cuentan su propia historia, han dejado una huella en nuestra memoria colectiva. Qué otra fotografía tienes de la mujer dentro de de las casas, en un lugar que es íntimo y personal.

P.B.: Magdalena con los angelitos es una foto hecha en el interior. Aquí ves los angelitos con la bandera colombiana. Ella está vestida con un recorte de una de esas láminas Molinari que me gustaba coleccionar. Se ve el corazón con los puñales y tiene ese misterio, ese toque medio onírico. Es una imagen muy simple porque en últimas  me pareció que no debía llevar tanto color, solamente unos tonos en el vestido y en los angelitos.

P.D.F.: Veo que alrededor del personaje hay todo un decorado. Es el que da el tono, genera un cierto ambiente y nos sitúa en medio de una puesta en escena que no es azarosa, es construida con mucho cuidado.

P.B.: Sí, es la cultura popular colombiana, que me sigue llamando la atención todavía. Me alegra que estas imágenes puedan ser mostradas de nuevo en Bogotá. Espero que las personas de otros países puedan apreciar cómo interviene la cultura popular en estas imágenes, qué simbología le aporta.

S.R.:  Cuando uno ve el trabajo de tus contemporáneas artistas, nota cómo muchas de ellas también estaban interesadas en el tema de la representación de la mujer. Si tú piensas en María Paz Jaramillo, en los años 70-80, a ella le interesa la mujer, el ambiente de la vida nocturna, el tema de la prostitución. Tiene esa mirada crítica sobre cierto tipo de mujer que se desenvuelve en la noche. Está trabajando con el imaginario que comparte con sus colegas grabadores Augusto Rendón, Pedro Alcántara Herrán, Umberto Giangrandi. O bien, uno puede pensar en la obra de Clemencia Lucena, que también indagó sobre el papel de la mujer. Pero no se pueden ver artistas de la época que estén mirando los estereotipos de la mujer de esta forma de-constructiva, burlona, cariñosa como tú lo haces.  ¿Cómo era desenvolverse en ese medio artístico en tu época. ¿Cuál fue la respuesta que generaron tus trabajos ?

Expusiste en la bienal internacional de Medellín en 1981, el salón Atenas de 1984, que fue uno de los eventos mas importantes de arte joven en Colombia, tu participación en la bienal de Sao Paulo en 1983, todo eso en los primeros cinco años de tu carrera como fotógrafa.  ¿Cómo funcionaba el medio del arte para un artista mujer joven que trabajaba en fotografía, que no venía la escuela de arte, que no era  alumna de nadie?

P.B.: En esa época mi trabajo se tuvo una buena acogida. Pareciera ser que la expresión que yo tuve se expandió con gran facilidad. Tuvo un gran eco en los corazones de las personas. Inmediatamente comencé a hacer estos trabajos y comencé a mostrar, las puertas se abrieron. Fue algo muy fácil y muy estimulante.

Durante la primera exposición que hice entré a la galería y estaba lleno de gente. No podía creer la cantidad de personas que estaban listas y dispuestas a ir y mirar. De pronto se me acerca la directora de la Galería y le pregunto: ¿si será que sea vender algo? y me responde: ¡pero qué estás diciendo! si esto prácticamente ya está vendido. Le da a uno ánimos como artista cuando tiene un público que realmente fue fácil de encantar. Ese fue uno de los inconvenientes.

La gente quería que siguiera produciendo más, quería eso que fue un éxito, que lo repitiera. No quise seguir haciendo esa obra porque no quería caer en la trampa de lo que es exitoso y repetirme. Quería explorar otras cosas. Creo que hice lo correcto, porque el último fue un momento que pasó, y ahora como ser humano puedo saber que he explorado un montón de cosas y eventos, que me han llevado a engrandecerme como ser humano.

P.D.F.: ¿Cómo vivían los artistas de tu época y dónde conociste a los miembros del Grupo de Cali?

P.B.: Muchos de nuestros creativos, cineastas, artistas o escritores como Antonio Caro, Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, estuvieron trabajando en agencias de publicidad como Leo Burnett en Bogotá o con  Hernán Nichols en Cali, pasaron por esas agencias, con licencia para crear. Si podemos viajar un poquito en el tiempo contigo y nos cuentas cómo era esa época.

S.R.: Hay otro aspecto que no hemos tratado, tu trabajo en una agencia de publicidad, que me parece  determinante para la producción de estas imágenes, que tienen ese atractivo de la imagen publicitaria, que la ironizan también. La mujer utilizada como imagen para vender. Cuéntanos un poco porqué las agencias de publicidad fueron tan importantes en ese momento. Muchos de nuestros creativos, cineastas, artistas o escritores como Antonio Caro, Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, estuvieron trabajando en agencias de publicidad como Leo Burnett en Bogotá o con  Hernán Nichols en Cali, pasaron por esas agencias, con licencia para crear. Si podemos viajar un poquito en el tiempo contigo y nos cuentas cómo era esa época.

P.B.: Entré a trabajar en Leo Burnett y descubrí lo que es. El mundo de la publicidad es exigente. Las personas que están a su servicio son personas que normalmente tienen un montón de creatividad por dentro, muchos de ellos son artistas. Ahí conocí a mucha gente incluido Luis Crump quien estaba haciendo los comerciales para la compañía. Yo estaba haciendo la producción para ellos: hacía el casting, las filmaciones de la gente, acompañaba el ensayo de los personajes leyéndoles el papel, consiguiendo las locaciones, etc. Era un trabajo de 24/7. En un momento uno empieza a rechazar todo ese trabajo y esa exigencia. Uno se empieza a decir: por mucho dinero que me paguen aquí realmente quien soy yo, no lo quiero vender más.

Entonces es cuando uno empieza a pensar qué valores son los que lleva por dentro y de qué manera esa energía creativa, la puede volver dinero eventualmente, pero haciendo una actividad más acorde con quién es uno. Y bueno sucedió santamente lo mismo con Luis. Ahí empecé a vivir la vida de artista. Una vida más libre, que se siente muy bien.

P.D.F: La década de los 60’s fue muy productiva y muy emocionante para conocer la historia del arte en Colombia. Mujeres como Beatriz González se formaron  con el pintor Juan Antonio Roda, el diseñador David Consuegra y la crítica e historiadora de arte Marta Traba. Había una necesidad de hablar de temas muy radicales a través del arte, buscando en las formas del momento una expresión llamativa. Santiago hace bien en mencionar el Salón Nacional de Artistas que hasta hoy tiene un papel indispensable al mostrar la escena artística al público y señalar las inquietudes de los creadores del momento. En 1965 Beatriz expone la obra Los suicidas del Sisga y obtiene el Segundo premio especial de pintura del Salón Nacional de Artistas.

Tú sin embargo as construido tu carrera de otro modo y eso es interesante saberlo. En esta otra imagen futurista que vemos, entra uno como en un viaje en el tiempo. Se abre una puerta y uno está como en medio del universo en un tiempo que no ha llegado pero que tú puedes imaginar y crear. ¿A dónde querías llevarnos con ese personaje? ¿Cómo trataste el tema del tiempo en las imágenes?

P.B.: Este es un personaje futurista. En esa época todavía no había una cultura cercana a lo futurístico. Se me ocurrió este personaje, lo hice en los sótanos de las Torres del Parque, donde vivía. Para hacer el personaje busqué unas botas altas y me pareció que debía usar guantes. Quería representar a una mujer poderosa, me imaginaba a una guerrera de las galaxias.

S.R.: Esta es La súper amiga de Flash Gordon, ¿cierto?  Como nos cuentas es una imagen hecha en tu apartamento de las Torres del Parque. Cuéntanos un poco más sobre la arquitectura en la imagen.

P.B.: La puerta que ves ahí conducía a los garajes del edificio. Es una fotografía realizada en blanco y negro con una luz fuerte del lado para lograr esa definición más clara. Dejé la puerta de atrás abierta, luego bloqueé la entrada los parqueaderos y luego agregué esta imagen de fondo que saqué de una revista de la época. Los colores vienen de recortes de papel, usando el amarillo, azul y rojo.

P.D.F.: Esos colores tan nuestros. ¿Crees que en Colombia llegaremos algún día a tener una ciudad así, futurista habitada por mujeres poderosas, intergalácticas? ¿Es eso posible?

P.B.: Yo creo que las mujeres somos poderosas en Colombia y ya estamos intergalácticas.

P.D.F.: Es interesante porque es distinta a las otras imágenes, que vienen sacadas como de otro tiempo como decía Santiago. Las primeras que vimos están hechas con tonos pasteles y acá la imagen tiene un tono metalizado. ¿Eras consciente de que estabas jugando con el tiempo? ¿Eras consciente que tus personajes también tienen épocas?

P.B.: Esa época es dada por el mismo tema de personajes. A veces tenía el personaje en mente y buscaba la locación y a veces era lo contrario, veía el lugar y se me ocurría el personaje. Como ocurre con La avioneta aburrida.

 “La teja corrida” era  un rumbeadero que quedaba ahí al frente de las Torres del Parque, había una rocola y había un tema así medio grill, un poco oscuro. El lugar tenía una marquesina. Si hacías las fotos durante el día el ambiente quedaba perfecto. Ahí fue cuando pedí permiso para ir y hacer una serie de mujeres. Hay unas que están dormidas, otras aparecen sentadas y otras están recostadas sobre la mesa. Tenemos una de esas fotografías en la muestra.

P.D.F. : La “teja corrida” viene de esa expresión tan utilizada aquí en Bogotá que significa estar un poco loco, ¿no es así?

P.B.: Sí, significa enloquecerse pero en buena onda, para gozar. Quería poner como tema para esta imagen la sensación de una cierta culpabilidad en esta mujer que está allí cansada, sentada sobre esa mesa. A su alrededor aparecen las historias de las llamas del purgatorio, que tomé de las láminas Molinari. Es un motivo que me gustó mucho usar por lo popular del tema.

Esas láminas aún existen en Colombia. Las ves en muchísimos hogares. Hoy se imprimen con la misma calidad de antes en la misma imprenta. Son láminas que nos han acompañado culturalmente por muchos años, atravesando generaciones.

Me encantaba ponerlas, para poner a pensar a la gente un poquito sobre el tema, que se dijeran: ah carambas, estas son las llamas del purgatorio, esta pobre mujer, ¿será que se va a condenar o no? ¿Qué va a pasar con ella? Pero está la cruz también ahí, puede ser que sea redimida, puede  que no. Era un juego de ver qué podía pasar con estas mujeres en la imaginación de la gente. Ella está sentada sobre sobre una mesa roja. Eso evoca muchas cosas en la cultura popular. Me alegro mucho de haber podido realizar esta obra en ese tiempo.

P.D.F.: Desde hace unos años hay un interés renovado de los artistas jóvenes por volver a imprimir esas láminas y rescatar esa tradición popular. No era fácil experimentar con la fotografía.

P.B.: En ese momento no podía saber que estaba sucediendo, si la fotografía había quedado bien, hasta que se metía al cuarto oscuro y revelaba las fotografías, hacía un contacto y veía que había logrado hacer. La idea era experimentar hasta encontrar la toma perfecta en los contactos, ampliarla y hacer el montaje con ella.  Pero sí, definitivamente hubo mucho juego en cada uno de estos momentos de toma de la imagen.

S.R.: En esta fotografía estamos viendo el dilema moral del personaje, alguien desde afuera, pero estamos inmersos en su mundo interior. Estamos llamados a escuchar a ver qué sucede en ese silencio interior. Pero también hay un hay algo que es definitivo y es la mirada. Algunas veces esas mujeres nos miran fijamente, otras veces no, pero las poses son muy efectivas. Es el sentido de la mirada, la mirada te conecta y cuando lo miras, conectas con el personaje; y en otras, el personaje te evade con su mirada. ¿Cuántas tomas hacías por cada pose? ¿Cómo era ese momento en que tú sabías que estabas jugando con la cámara y con la pose?

P.B.: Es posible que el mismo personaje estuviera medio reclinado, parado al lado de la mesa, medio reclinado contra la pared. Había muchos recursos en ese momento para jugar, con la cámara puesta en automático. Antes de cada fotografía había alrededor de veinte segundos. Cuando programaba la cámara debía permanecer en la pose hasta que hiciera la cámara hiciera clic.

Hubo un momento bien cómico porque fui al Cementerio Central a hacer como una viuda. Creo que tú has visto algo de esto. Fui con el trípode, la cámara y todo. Estaba ahí vestida de negro con mi gorrito y de pronto empiezo a posar en las fotos hasta que miro hacia una tumba y descubro que un grupo de personas me estaba mirando, como si me espiaran y no lograban entender de qué se trataba esto, qué estaban viendo. Luego ya la completé un poquito con los colores de la bandera (amarillo azul y rojo). Ella carga esos colores en su mano. Aparecen también las llamas del purgatorio, y por ahí  sale la cajita de fósforos El Diablo, que no sé si todavía exista. Esta imagen me ayudó a terminar de hacer el collage. Fue muy simple de hacer, porque usé solamente un solo tono de fondo.

S.R.: Siempre hay una especie de juego con el deseo. Ella es una viuda pero está el diablo que se le esta apareciendo, o también es una Violeta aburrida arrepintiéndose de sus pecados. O Ángela, la prostituta, que es una mujer como asumimos muy sexual también. También estas imágenes juegan con el recato y con el secreto.

P.D.F.: Eso se ve también en la figura de la prostituta y la de la monja, que aparecen en este proyecto tuyo. Hay una tendencia. a ver a las mujeres con el lente de la moral y del machismo que dice que si no eres una santa, rechazas el deseo y te comportas como una mujer, entonces te comportas como una mujeriega o una prostituta. Y eso tiene que ver con el hecho de que la mujer asume su deseo. Estamos ante dos visiones de mujeres muy opuestas de la mujer. ¿Podemos convivir con esas dos imágenes? ¿Qué intención tenías al explorar esos estereotipos?

P.B.: Es que todo esto hace parte de la cultura colombiana. Esas son lecturas que siempre han estado allí. El recato y el deseo son lecturas que siempre han estado ancladas en la cultura colombiana. Puede que por debajo, o de forma muy secreta, pero que son como un legado de la Iglesia Católica en la cultura colombiana. Quería hablar de ese legado. Por eso igual hice esta serie de monjas.

S.R.: ¿Y esta monja tiene que ver con el papel que hiciste en Pura sangre? Esa película en donde haces de una novicia, una mujer muy inocente en medio de ese universo de maldad, vampirismo y crimen, que es el de la película.

P.B.: No recuerdo cuál fue primero si Pura sangre de Luis Ospina o esta monja, no lo tengo muy claro. Muchos de esos personajes eran así. A veces tenía que caminar en la calle disfrazada para poder interpretarlos y fotografiarlos en el lugar que había elegido. Veía que la gente estaba medio curiosa, queriendo entender qué pasaba. La gente que veía lo que estaba sucediendo lanzaba una sonrisa de complicidad.

S.R.: Debía ser muy divertido disfrazarse de monja y salir a la calle 63.

P.D.F.: Imagino que al principio se preguntarán: ¿por qué esa monja se hace el autorretrato? Quizás nunca supieron a ciencia cierta si eras o no una monja genuina.

P.B.: A veces tengo cara de monja. (Risas).

P.D.F.: Hay mucho humor y mucha irreverencia en tus imágenes. ¿Eras consciente de ello? ¿Es algo que según tú hace parte de la cultura popular nuestra?

P.B.: Creo que toda nuestra cultura tiene mucho humor, en la manera de presentarnos, en la manera de combinar colores. Y por otro lado es una cultura que tiene mucha alegría. La vibración que transmitimos los colombianos a través de la cultura es alegre y poderosa.

P.D.F.: Luis explica muy bien el renovado interés por esa generación de Cali en Todo comenzó por el fin. En una entrevista que pueden oír aquí, recuerda a su generación sin mencionar mucho a las mujeres, eso me sorprendió.

Hablando del collage en el arte colombiano, recuerdo de las postales de Gustavo Zalamea que alcanzó a ver mi generación. Eran unos collages sobre Bogotá muy cómicos. En ese proyecto sobre Bogotá, Zalamea dice: “La ciudad es la utopía”. Y es cierto. Parece que las ciudades latinoamericanas son inabarcables y caóticas por esencia. En La ciudad imaginada, una realidad en papel, Zalamea explica bien ese proceso de juego artístico sobre la identidad ciudad:

” En cada tarjeta se modifican el paisaje y el espacio de Bogotá. Cada una de las intervenciones supone la realización de una obra autónoma que introduce un cambio en la ciudad conocida. Hay proyectos posibles, imágenes poéticas, aproximaciones críticas, creaciones utópicas.”

Quisiera agregar estas postales y este proyecto para que los lectores las conozcan y a que descubran aquí el humor negro con el que el artista hacía referencia a la realidad de su ciudad, Bogotá. En el archivo personal del artista están las leyendas, que son igualmente importantes. Esta primera que ven se titula: ejecutivo Feliza Bursztyn. Una cómica asociación entre la tradicional buseta y la supuesta obra de la escultora que siempre trabajó con desechos de metal.

En esa época los artistas se permitían tocar al género popular con una libertad increíble para hacer su propia interpretación de lo que es esa cultura y mezclar géneros. ¿Conociste a otra gente que también estuviera haciendo este tipo como de interpretaciones?

P.B.: Yo me sentía que estaba recogiendo algo interesante, haciendo un aporte. En últimas es lo que nosotros podemos hacer crear a partir de vivencias. Puede que en ese momento estuviera explorando también mis raíces cartageneras. Yo me crié en la infancia junto al Cabrero. Todo ese sentimiento de la gozadera del caribe puede estar ahí plasmado. Son cosas que se llevan por dentro y comienzan a encontrar una expresión.

S.R.: Patricia, tú perteneces a una generación que rompió muchos paradigmas. Una generación muy creativa, muy irreverente. Volvemos a Mayolo, a Ospina, Karen Lamassonne, que le tomó mucho el pelo a la cultura colombiana, se burló de su doble moral, pero también le celebró mucho su raíz popular y su astucia popular.

P.B.: Creo que toda nuestra cultura tiene mucho humor, en la manera de presentarnos, en la manera de combinar colores. Y por otro lado es una cultura que tiene mucha alegría. La vibración que transmitimos los colombianos a través de la cultura es alegre y poderosa.

P.D.F.: Tu trabajo es interesante porque, si bien se inscribe en una tradición muy amplia de la historia del arte y se pueden encontrar innumerables paralelos con el surrealismo, tu expresión es muy local y está relacionada con una época de vanguardia para el cine Colombiano, especialmente en Cali. Es interesante ver lo importante que ha sido el color en todo tu trabajo y espero que en la edición que surja de este diálogo se pueda notar la forma como lograste apropiarte de lo nuestro a través del juego de tonos, de recortes de papel, de impresiones con telas. Estas fotos las veo como tejidos o capas de una alegre celebración a lo nuestro. Muchas gracias por hacernos ver este aspecto de lo popular que es divertido, irónico y juguetón.

S.R.: Veo la influencia de la literatura latinoamericana en tu trabajo, pero también muchos momentos del cine negro, del cine policiaco, del cine de ciencia ficción. Al pensar en la herencia que ha dejado esta obra pienso en Aterciopelados y en Andrea Echeverri, como una continuidad de este diálogo con la cultura popular y el imaginario del rock. Quería hacer esa ultima anotación, de lo que para mi significa tu trabajo, Patricia. Es un gusto compartir contigo y con PUNTO DE FUGA.

P.B.: Muchas gracias por esta invitación a conversar en torno al Colombia Color.

P.D.F.: Gracias a los dos

Biografía

Patricia Bonilla

Patricia Bonilla es una actriz de teatro, cine y televisión colombiana nacida en 1949. Su obra está estrechamente relacionada con la imagen fotográfica. La pre-producción, del ensayo fotográfico con el estudio de personajes y su puesta en escena —marcada por su condición de actriz— prevalece en su obra artística. Además de la aparición constante de su imagen transformada, la idea de ser otro en un mismo cuerpo, un concepto de representación trabajado a partir del autorretrato.

Las fotografías de Bonilla mantienen una relación directa con la cultura popular, de donde extrae referentes visuales que determinan el contenido de sus obras. Lo que mejor identifica su obra es el trabajo con el collage que aparece con fuerza en las imágenes fotográficas intervenidas por la artista. En esa fotografía hay un trabajo de re-significación permanente. Como lo expresa el crítico Miguel González, el montaje que implica la escenificación de algo dimensionó su comprensión del espacio y, por supuesto, de lo artificial que supone un acto de representación.

Patricia Bonilla pertenece a nueva generación de fotógrafos cuya “zona de mayor fuerza experimental se basa en la racionalización de los medios mecánicos que hacen posible la imagen, y en la aguda observación de ésta como potencia expresiva más allá de una simple representación verosímil” según Miguel González. Dentro de esta generación de fotógrafos están Luis Fernando Valencia, Jorge Ortiz, Becky Mayer y Beatriz Jaramillo.

Galería Espacio Continuo

Bonilla/Herrán/Vásquez fotografías, 19.06.2021- 30.07.2021

Artículos y entrevistas

Gráficas Molinari

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